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Nezahualcóyotl y la visión del mundo

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José Luis Martínez

Nezahualcóyotl y la visión del mundo

EL DADOR DE LA VIDA

En la poesía de Nezahualcóyotl, de manera general, domina el pensador sobre el imaginador, o el filósofo sobre el poeta. Creó algunos poemas memorables por su lirismo y su invención imaginativa, pero lo característico en él es su capacidad para concentrar sus meditaciones acerca de los tres grandes temas de su poesía: la divinidad, el destino del hombre y la poesía misma.

La poesía religiosa –o más bien, acerca de la divinidad– de Nezahualcóyotl es una de las manifestaciones más importantes de la cultura indígena, aunque no en cuanto anticipación del cristianismo, como intentó presentarla Alva Ixtlilxóchitl, sino por el rigor y la gravedad de su especulación intelectual. En efecto, con excepción de algunos himnos breves, que sí son una exaltación piadosa de los atributos de la divinidad, sus demás poemas de este grupo no son ya ni magia ni mística sino teología, razonamiento estricto y aun desnudo del habitual ropaje metafórico. Compárese, por ejemplo, alguno de los antiguos himnos sacros, alabanza propiciatoria y hermética, como en este fragmento del "Canto a la madre de los dioses":

¡Es nuestra madre, Mariposa
de Obsidiana!
Oh, veámosla:
en las Nuevas Llanuras
se nutrió con corazones de ciervos.

¡Es nuestra madre, la Reina de la Tierra!

con el siguiente pasaje a uno de sus cantos a la divinidad:

Él es quien inventa las cosas,
él es quien se inventa a sí mismo: Dios.
Por todas partes es también venerado.
Se busca su gloria, su fama en la Tierra.

"Nos enloquece el Dador de la Vida"

La distancia de un texto a otro es la que va de la invocación mágica a la exposición intelectual, y nos permite apreciar la evolución y la madurez que se había operado en los pueblos nahuas y, singularmente, en una personalidad como Nezahualcóyotl.

En estas reflexiones sobre la naturaleza de la divinidad o acerca del destino trágico que la divinidad ha impuesto a los hombres, sorprende la desdeñosa objetividad con que se considera al dios. Con excepción de los contados cantos que son una alabanza, lo característico es esta consideración no predeterminada por la adoración. Ya en un poema de juventud se preguntaba lleno de rebeldía:

¿Obra desconsideradamente,
vive, el que sostiene y eleva a los hombres?

"Canto de la huida"

Acaso, a veces, lo mueva el temor; pero aun este sentimiento se supera para dejar sólo una fría enumeración con cierto dejo sarcástico:

Dentro del cielo tú forjas tu designio.
Lo decretarás: ¿acaso te hastíes
y aquí nos escondas tu fama y tu gloria
en la Tierra?
¿Qué es lo que decretas?
¡Nadie es amigo del que da la vida!
Él nos atormenta, él es quien nos mata.

"Dolor y amistad"

Es el mismo helado sarcasmo ante el dios que volverá a la poesía mexicana en un poema memorable:

Pero aún más –porque en su cielo impío
nada es tan cruel como este puro goce–
somete a sus imágenes al fuego
de especiosas torturas que imagina...

José Gorostiza, "Muerte sin fin"

El fundamento crítico del pensamiento religioso de Nezahualcóyotl parte de una áspera reflexión sobre el conocimiento humano y la acción de la divinidad: Se afirma –viene a decir en su poema "¿Eres tú verdadero?"– que las cosas tangibles, terrestres, no existen en realidad. Entonces, apostrofa a la divinidad, tú que dominas todas las cosas y eres el Dador de la Vida, ¿eres verdadero, existes realmente? Este contrasentido es una arbitrariedad del dios que atormenta nuestros corazones.

La doctrina orgánica acerca de su concepción de la divinidad y su relación con el hombre se encuentra en el poema más importante de este grupo, "Nos enloquece el Dador de la Vida". Su resumen conceptual puede ser el siguiente:

La casa del dios no puede encontrarse en un lugar determinado, puesto que lo invocamos y lo veneramos en todas partes.

El dios es el inventor de todas las cosas y también de sí mismo. Quien llega a encontrar al Dador de la Vida sabe que no puede considerarse su amigo y que sólo puede invocarlo y vivir a su lado en la Tierra.

Como si buscáramos a alguien entre las flores o quisiéramos encontrarlo por medio de cantos, así buscamos al dios Dador de la Vida. Pero él sólo nos embriaga en el breve tiempo que nos permite vivir a su lado, y en realidad no nos permite acercarnos a él ni tener éxito y reinar verdaderamente en la Tierra.

Nuestro corazón sabe que sólo el dios puede cambiar las cosas.

Este es el poema teológico de Nezahualcóyotl y el que merece representar sus concepciones religiosas en relación con la búsqueda del dios único y no conocido que se le atribuye. Dos son los atributos principales que menciona de la divinidad: Moyocoyotzin, que Garibay tradujo por "Sumo Árbitro" y León-Portilla por el "Inventor de Sí Mismo", e Ipalnemohuani, el "Dador de la Vida", ambas nociones procedentes de la antigua doctrina tolteca. Las dos nuevas concepciones que introduce nuestro poeta son importantes. La primera, la de afirmar que "no en parte alguna puede estar la casa del inventor de sí mismo", esto es, que la divinidad no está en ninguna porque está en todas partes, que es omnipresente, tiene ciertamente una coincidencia con uno de los atributos del dios cristiano. La última, en cambio, parece sólo expresión de su escepticismo, de su frialdad crítica, cuando advierte que en verdad nadie puede considerarse amigo del Dador de la Vida, y que sólo podemos invocarlo y vivir como embriagados a su lado durante el corto tiempo que nos lo permite.

Los tres cantos que he llamado himnos breves añaden matices interesantes, y sobre todo de gran belleza lírica, a sus meditaciones religiosas. He aquí su resumen conceptual:

Yo estaba infeliz al lado de la gente porque tenía una sabiduría vana. Deseaba la belleza de las flores y la poesía y ahora sé que solamente del Dador de la Vida vienen la felicidad y las realidades preciosas.

"Solamente él"

Tu corazón y tu palabra, oh padre nuestro, son como las cosas más hermosas de la Tierra. Tú compadeces al hombre que sólo un brevísimo instante está junto a ti en la Tierra.

"Es un puro jade"

Con tu piedad y con tu gracia, oh autor de la vida, puede vivirse en la tierra. Aquí se muestra tu gloria, aquí vuelas tú y te explayas como lucientes pájaros. Por eso éste es mi lugar, ésta es cabalmente mi casa y mi morada.

"Tú, ave azul..."

En el primero de estos himnos hay una especie de rectificación a aquella actitud crítica y escéptica, para reconocer que solamente del Dador de la Vida viene la felicidad y la belleza. Y en el último, hay una reconciliación entre el Árbitro Sumo y su criatura que reconoce que: "Con tu piedad y con tu gracia/ puede vivirse, oh autor de la vida, en la Tierra," y luego una emocionante afirmación de adhesión a esta Tierra y a esta vida, excepcional en la poesía náhuatl: "de mi casa plena, de mi morada plena/ el sitio es aquí".

Considerados los poemas religiosos más importantes de Nezahualcóyotl puede concluirse que es en realidad muy débil la anticipación que hay en ellos de un dios único. El poeta no hizo ya ciertamente himnos a las duras divinidades tribales de su pueblo y de su tiempo; prefirió indagar fría y lúcidamente las relaciones de la divinidad con el hombre y, cuando de su corazón surgieron himnos, fueron de dulzura y beatitud para un dios clemente, para el Moyocoyani, el "Inventor de Sí Mismo", para el Ipalnemohuani, el "Dador de la Vida", y para In Tloque in Nahuaque, el "Dueño del Cerca y del Junto", atributos de la divinidad que venían de los viejos toltecas a los que añadió matices importantes, mas a los que no puede atribuirse, sin embargo, una trascendencia mayor que la de su propia espiritualidad. Prescindiendo de esta relación artificial con concepciones extrañas, el pensamiento religioso de Nezahualcóyotl es admirable por la libertad y el rigor de su especulación y por haber logrado una síntesis audaz entre las concepciones toltecas y una actitud personal, humanista y crítica.

LA ANGUSTIA DEL MUNDO

Observaba Luis G. Urbina que la adustez del paisaje de la Mesa Central nos impregna el alma "de la hierática melancolía de nuestros padres colhuas" y añadía que "nos inclinamos incesantemente a melancolizar nuestras emociones" y "perfumamos regocijos y penas con un grano de copal del sahumerio tolteca". Esta persistente tristeza india ya humedecía con singular intensidad la antigua poesía náhuatl. Domina en ella, en efecto, una visión desesperanzada de la vida, obsesionada por la condición prestada y transitoria de cuanto aquí tenemos y por la punzante presencia de una muerte que nunca llega a olvidarse. Los cantos que compuso Nezahualcóyotl dentro de esta corriente parecen no sólo seguirla sino acaso condensarla, darle uno de sus vasos más justos, en cuanto son testimonio entrañable de su propia visión del mundo.

Nuestra vida –había expresado en uno de sus primeros cantos que daban salida a su angustia de perseguido– no es verdadera, no hemos venido aquí para tener alegría. Todos somos menesterosos y la amargura rige nuestro destino. Y en varios cantos breves volvía una y otra vez a este pesimismo radical. Nunca veremos –decía– terminar la amargura, la angustia del mundo: sólo hemos venido aquí para vivir angustia y dolor. Esta no es "nuestra casa de hombres", es una Tierra prestada que pronto nos es preciso abandonar.

Mas, además de estos sollozos aislados, lo que pudiera llamarse su sentimiento trágico de la vida tuvo también una expresión orgánica en un poema admirable: "Como una pintura nos iremos borrando", poema paralelo a aquel otro mayor, "Nos enloquece el Dador de la Vida" en que expresa su concepto de la divinidad. El símil básico en que se apoya este poema es un hallazgo muy expresivo: la vida le parece a Nezahualcóyotl semejante a los libros pintados y el Dador de la Vida actúa con los hombres como el tlacuilo que pinta y colorea las figuras para darles vida. Pero al igual que en los libros, también los hombres van siendo consumidos por el tiempo:

Como una pintura
nos iremos borrando,
como una flor
hemos de secarnos
sobre la Tierra,
cual ropaje de plumas
del quetzal, del zacuan
del azulejo, iremos pereciendo.
Iremos a su casa;

nada puede hacerse contra ello, todos pereceremos, de cuatro en cuatro, y esta vida fingida del libro que la divinidad pinta y borra caprichosamente es nuestra única posibilidad de existencia. Piensa el poeta en los que están ya en el interior de la casa de la muerte y percibe, en uno de los pasajes, y traducción del padre Garibay, más conmovedores de la antigua poesía mexicana que:

Llegó hasta acá,
anda ondulando la tristeza
de los que viven ya en el interior de ella,

por ello –nos dice el poeta– no lloremos en vano a los guerreros y a los príncipes que desaparecen. Aunque fuésemos cosa aún más preciada, pronto iremos con ellos al lugar de los descorporizados, hasta que no quede ya en el libro figura alguna.

La melancólica reflexión parece continuarse en otro canto importante, "Dolor y amistad", en el que interroga a la divinidad acerca de la condición humana. En la Tierra –cavila el poeta– no vivimos con alegría, pero esto nos basta; todos padecemos y andamos unidos por la angustia, ¿para qué entonces atormentarnos y darnos muerte? Sin embargo, a pesar de esta condición precaria de nuestra existencia, es necesario vivir siempre plenamente en la Tierra.

Esta afirmación desesperada de la vida, a pesar de su angustia y su brevedad, se reitera en un hermoso poema breve de Nezahualcóyotl:

¡En buen tiempo vinimos a vivir,
hemos venido en tiempo primaveral!
¡Instante brevísimo, oh amigos!
¡Aun así tan breve, que se viva!

"¡En buen tiempo!"

La amarga reflexión sobre la naturaleza de la vida humana, las imágenes de los libros que la muerte borra, los caprichos de la divinidad que nos atormenta se superan al afirmar que es hermoso nuestro tiempo y al mostrarse decidido a vivir la vida breve que nos es dada.

El destino del hombre después de la muerte preocupaba mucho a Nezahualcóyotl. Exaltado por la alegría que dan al alma las flores del canto le es preciso reconocer que "las flores, los cantos/ solamente aquí perduran".

¿Qué habrá entonces después de la muerte? ¿Habrá allá una vida? ¿No habrá allá ni tristeza ni recuerdos? ¿También habrá allá una casa y una vida para nosotros? Sólo preguntas cierran el hermoso poema "Los cantos son nuestro atavío". En efecto, nunca llegó a concretarse en la poesía y en la sabiduría náhuatl la idea de otra vida después de la muerte. A veces se dice que los muertos van al Quenamican o Quenonamican, o sea al "Sitio en donde de alguna manera se sigue existiendo", o al Tocencham, "Nuestra universal y definitiva casa", aunque la expresión que con más frecuencia se emplea es de que se han ido al Ximoayan, Ximoan o Ximohuayan, "en donde están los descarnados o los descorporizados", nos explica Garibay. Aun dentro de las doctrinas toltecas, después de la transformación de los guerreros muertos en pájaros o mariposas que hacen cortejo al sol, seguía una aniquilación definitiva. No hay, pues, en la poesía de Nezahualcóyotl, como no hay tampoco en toda la poesía náhuatl, indicios de la posibilidad de un alma que nos sobrevive después de la muerte ni tampoco expresiones que confirmen aquella declaración que le atribuye Alva Ixtlilxóchitl, según la cual "había gloria adonde iban los justos e infierno para los malos". Los antiguos poetas nahuas no concebían respecto al Más Allá ni "temores ni esperanzas", como en el verso de Ignacio Ramírez, y ese futuro cegado era acaso una de las raíces de su angustia.

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