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El intelectual es un crítico por excelencia

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Andrea Revueltas
y Philippe Cheron


El intelectual es un
crítico por excelencia



Como Andrea Revueltas y Philippe Cheron, somos muchos los que nos hemos preguntado qué pensaría Revueltas de tal o cual acontecimiento reciente, posterior a su fallecimientoÓ. En infinidad de marchas, huelgas y manifestaciones, este sentimiento se ha expresado en un obvio ­pero afortunado­ juego de palabras: ¡Ay, José, cómo me acuerdo de ti con estas Revueltas!Ó Las célebres Conversaciones..., por fin reeditadas, no han perdido nada de su valor e importancia para ver en el autor de El luto humano, Los errores y tantas otras obras insoslayables, no al escritor injustamente tachado por algunos tuertos de Òoscuro y pesimistaÓ o de Òultraizquierdista cerrado e intransigenteÓ, sino al crítico, al inconforme y al pensador vivo, ingenioso, lúcido y dueño de un humor a prueba de bombas.


Conversaciones con José Revueltas apareció por vez primera en el ya lejano año de 1977. Agotado desde hace mucho tiempo, este libro no había conocido reedición alguna hasta ahora. Era tiempo de proceder a su revisión y de ofrecerlo nuevamente al público lector. Además, era justo.

Más allá de la riqueza de estas entrevistas en cuanto a recuerdos, anécdotas y asuntos de índole personal (formación, influencias literarias, gustos, etcétera), de la que carecen en general los textos de Revueltas, son imprescindibles en varios aspectos para conocer su pensamiento, en particular las más recientes (de los años setenta): ahí es donde el escritor ha podido expresar más libremente sus ideas, sobre todo cuando se sabe que la mayor parte del material que elaboró en sus últimos años fueron conferencias y pláticas. Por otra parte, en aquel entonces todo su esfuerzo intelectual se concentró casi exclusivamente en su último ensayo, Dialéctica de la conciencia, en detrimento de todo lo demás, razón por la cual, además del lado más ÒhumanoÓ, más ÒpróximoÓ, estas conversaciones adquieren gran importancia en el marco de su obra.

Resulta apasionante ver lo vigente de varias de sus posiciones, a tres o cuatro décadas de distancia, reubicándolas, desde luego, en el contexto en el que fueron expresadas o actualizándolas mentalmente. Uno se plantea a veces la pregunta de qué pensaría Revueltas de tal o cual acontecimiento reciente, posterior a su fallecimiento. Estas Conversaciones permiten, de algún modo, inferir ciertas respuestas posibles puesto que en ellas el autor se refiere a la actualidad sociopolítica mexicana de los setenta. Sus comentarios verbales aquí recogidos pueden orientarnos un poco, en la medida en que este pasado inmediato es todavía, en parte, nuestro presente. Destaquemos algunos temas abordados en esas entrevistas.

Para empezar, resulta obvia su insistencia en la importancia fundamental de la crítica: Òel intelectual es un crítico por excelencia [...], es el que desempeña el papel de [...] minoría crítica respecto a la sociedadÓ; Òyo, en lo personal, no sólo sería un oposicionista en este régimen, sino también en un país socialista, porque la tarea del pensamiento es la crítica de la realidad, para lograr su perfeccionamientoÓ. ÒSi hay una cosa que a mí me pone fuera de quicio, es la falta de libertad crítica. Yo soy un ser eminentemente crítico, inclusive ejerzo la autocrítica.Ó Vale decir que tenemos aquí una especie de juicio anticipado tanto del intelectual light como de su alter ego, el mega-ultra, para decirlo en términos finiseculares.

Este sentido eminentemente crítico llevó a Revueltas a la denuncia del marxismo dogmático y del socialismo burocrático totalitario, cuyo desmoronamiento no tuvo la suerte de presenciar, aunque lo presentía cuando hablaba de su fracaso por burocratismo y estatismo.1 No dudó en afirmar que Òla religiosidad es lo que ha perjudicado más al marxismoÓ; además, lejos de haber desaparecido, Òla alienación también existe en el mundo socialista. El socialismo no desenajena al hombre, eso es una mentiraÓ. Así, nuestro autor criticó franca y decisivamente al socialismo real, pero además enunció qué tipo de socialismo quería (Òqueremos un socialismo democrático y libre, sin mordazas. A nosotros nos interesa más la libertad y la democracia que la socialización de los medios de producciónÓ) y qué tipo de revolución era deseable: en efecto, tenía una concepción de la revolución como Òparticipación de todos en la creación de valores [...]; el hombre no puede transformarse exclusivamente a través de una revolución social. La revolución tiene que ser una revolución espiritualÓ.

Sin dejar de lado las condiciones materiales, económicas, Revueltas puso de relieve que su objetivo era la instauración de una democracia del conocimiento. Lejos del marxismo ortodoxo, llama la atención que al decir esto no hacía sino retomar ciertas ideas expresadas en su tercera novela, Los días terrenales (1949), y severamente criticadas al año siguiente, en particular su concepto de que los hombres deberán aprender a ser Òlibremente desdichadosÓ, en conformidad con la filosofía del Eclesiastés en el sentido de que Òquien añade saber añade dolorÓ. Si conocer es sufrir, también es la única dicha auténtica a la que puede aspirar el ser humano en cuanto ser pensante, de la misma manera que lo es la creación, como lo apuntó Georges Duhamel: ÒCrear, al fin y al cabo, es la única alegría digna del hombre.Ó

Por lo que respecta al movimiento del Õ68, Revueltas hizo un análisis lúcido ­totalmente heterodoxo en aquel entonces, ya que equivalía a despojar al proletariado de su papel incuestionable de ÒmotorÓ de la Historia al afirmar que Òya no conduce la historiaÓ­ cuando supo captar que la antorcha ÒrevolucionariaÓ se había trasmitido de manos del proletariado a las clases medias estudiantiles (del movimiento ferrocarrilero del 58 a la rebelión juvenil del 68). Con el paso posterior ­añadiríamos­ de ese papel crítico y democratizador, de éstas a la sociedad civil (de los años setenta a los noventa) y finalmente hasta la victoria de la democracia electoral (¿anunciadora de la política y la social?), así como el fin del viejo régimen priísta a partir del 2 de julio de 2000, pese a que el rumbo asumido vaya en sentido contrario a las inquebrantables convicciones izquierdistas del autor. Sorpresas ­amargas­ de la Historia.

Revueltas tuvo una percepción temprana de la apertura hacia la democracia a partir del movimiento estudiantil de 1968; demasiado lenta, limitada, se ha vuelto cada vez más decisiva e irresistible a lo largo de los años: De aquí [esto es, el hecho del resurgimiento del 58 en el 68] la forma radical exterior de que se revistió este Movimiento Democrático y de aquí que su configuración ideológica haya asumido exteriormente las formas de conciencia proletaria de que se revestía la lucha democrática buena para toda la sociedad, no sólo para la clase obrera. El nuestro es un movimiento que se inserta no sólo en la realidad mexicana corrompida ­a la cual niega­ sino también en las grandes transformaciones del siglo XXÓ. Demanda de democracia que la propia izquierda tardó en adoptar y que Revueltas planteaba como democracia integral.

En otro orden de ideas, emite en varias ocasiones el juicio acertado de un escritor sobre sus contemporáneos (véase cómo afirma, ya en 1954, el enorme valor de Juan Rulfo), y sobre los jóvenes de aquel entonces, en particular José Agustín, Gustavo Sainz, Salvador Elizondo o Vicente Leñero. Rechazaba al nouveau roman a causa de su obsesión por lo experimental ­con demasiada frecuencia gratuito­ y, a propósito de Los albañiles de este último, consideraba injustificada su construcción. Ahora bien, el propio Leñero reconoció hace poco esos desaciertos de juventud: En ese entonces, años sesenta, estábamos muy influenciados por la forma [...]. Hay una parte de Los albañiles que está un poco disfrazada de nouveau roman [...]. Siento que está hasta cierto punto contaminada de un afán experimental, aunque en el fondo me ganaba el impulso básico de contar cosas.

El novelista admirador de Dostoievski, Strindberg, Proust, era también un gran amante de la poesía que se atrevía a hacer versos de vez en cuando, pero sin perder su capacidad autocrítica, ya que sabía que sus poemas eran más bien una especie de Òaforismos filosóficos. Además, queda patente en estas conversaciones el humor a prueba de bombasÓ de un autor que tiene la reputación de ser oscuro y pesimista; su risa contagiosa, su fe inquebrantable en el valor supremo de la lucha (al igual que para Marx, su concepto de la felicidad es la lucha) y de la verdad (la verdad es siempre revolucionaria).

En fin, otras tantas facetas de un escritor vivo, ingenioso, lúcido, responsable, amante de la fiesta y el alcohol pero a años luz de la imagen del artista bohemio, improvisado, que con demasiada frecuencia aún se tiene de él, o del ultraizquierdista cerrado e intransigente. Para nada: un luchador independiente, un crítico del poder, un anticonformista Òrevolucionario sin partido, un ideólogo abierto a la discusión, un defensor de la crítica y la autocrítica honestas, un hombre que siempre quiso tener, hasta la hora de la muerte, los ojos abiertosÓ. Por si fuera poco, un hombre Òextraordinariamente sencilloÓ, ajeno a cualquier pose intelectual o artística.

1 Creo, personalmente, que el socialismo ha fracasado en escala mundial. Ha fracasado en su aspecto humano, por el burocratismo y el estatismo. Creo que la experiencia histórica ha fusionado dos grandes fracasos, la democracia burguesa y el socialismo estatal. O sea, Revueltas condena a ambos, pero sin dejar de recuperar lo positivo que pueden tener (libertades de prensa, opinión, separación de poderes, etcétera, en el primer caso; ideal de justicia social y de equidad, en el segundo).

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