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Alfred Schutz y la pérdida de la inocencia en el análisis sociológico

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Alfred Schutz y la pérdida de la
inocencia en el análisis sociológico

* Lidia Girola
El título de este artículo hace referencia a la pérdida de la inocencia, o quizá sería mejor decir a la pérdida de la ingenuidad en la teoría sociológica.

¿Qué quiero decir con esto, o más bien a qué ingenuidad me refiero?

Permítaseme una breve digresión: Edith Warton escribió una novela que tituló La edad de la inocencia, de la cual se hizo una película con Daniel Day Lewis y Michelle Pfeifer. Esta escritora considera que la inocencia en la cultura sentimental es propia del siglo XIX. Creo que en la cultura sociológica la inocencia persiste hasta mediados del siglo XX, y que Alfred Schutz es uno de los responsables de que la hayamos perdido en la actualidad.

Quiero apresurarme a aclarar que en este caso esa pérdida es en realidad una ganancia, porque reconocer la necesidad de que en todo análisis sociológico se consideren tanto aspectos objetivos como subjetivos, se incorpore la idea del carácter interpretativo del conocimiento que podemos tener de la realidad y reconozcamos el papel de la normatividad como contexto de significación en el cual insertamos nuestra vida cotidiana, es sin duda un aporte que puede enriquecer notoriamente la perspectiva de explicación de cualquier sociólogo.

Alfred Schutz es un teórico de origen austriaco, naturalizado estadunidense en la década de los años cuarenta, que fue discípulo de Husserl, y cuya obra —que trasciende los estrechos límites disciplinarios de la filosofía, la psicología y la sociología— ha sido en los últimos treinta años fuente de inspiración para una generación de sociólogos preocupados por los alcances explicativos, los modos de aproximación al objeto y las posibilidades de análisis de la sociología.

Los sociólogos “ingenuos” contra los que debate Schutz son fundamentalmente los funcionalistas y estructural funcionalistas, como Merton y Parsons, cuya propuesta sociológica fue la dominante en Estados Unidos en vida de Schutz y todavía hasta fines de los años sesenta y mediados de los setenta. Tuvieron una gran aunque diversa influencia en el pensamiento sociológico europeo, sobre todo inglés y alemán, y en la sociología latinoamericana.

¿Por qué digo que son ingenuos? En primer lugar, porque consideran a la sociedad como un conjunto esencialmente armónico y en equilibrio, que a veces se ve perturbado por agentes principalmente externos y en ciertas ocasiones por tensiones, incompatibilidades y desviaciones internas que de manera rápida los diversos grupos sociales se ocupan de controlar.

En segundo lugar, porque consideran la conformidad con respecto a las convenciones sociales como un producto natural de la interacción. En el caso de Parsons llegan, por ejemplo, a formular esta apreciación en el conocido “teorema de la estabilidad de los sistemas sociales”, que sostiene que las sociedades y los diversos grupos en ella se mantienen y reproducen a sí mismos gracias a que a través del proceso de socialización los miembros son enseñados en el respeto a las normas y reglas de convivencia de su grupo y sociedad, de manera que internalizan un conjunto de pautas de conducta que los hace actuar de la manera en que los demás lo esperan. La conformidad con las convenciones sociales es natural, espontánea y cuasi automática para Parsons; lo contrario es desviación y por lo tanto es lógico reprimirla.



En tercer lugar, porque tienen en mente un esquema dualista que intentan aplicar a casi todas sus formulaciones, de tal manera que las sociedades son tradicionales o avanzadas, democráticas o antidemocráticas, autoritarias o antiautoritarias, y las personas por ende son buenas o malas, conformistas o desviadas.

En cuarto lugar, porque tienen la idea de que el conocimiento de lo social puede, en algún momento, llegar a formular leyes sociológicas que —a la manera de las leyes de la física— permitan predecir los resultados de los procesos sociales con un alto grado de confiabilidad.

El debate de Schutz con los representantes de esta forma de concebir las posibilidades, el objeto y el método de la sociología no logró modificar los contenidos de la disciplina, pero por lo menos abrió el campo y problematizó muchas de las afirmaciones de la sociología que aquí me he permitido llamar “ingenua”. Ese debate se dio principalmente con Parsons, a través de un intercambio de cartas, que comenzó de manera muy amable, echándose flores y cumplidos mutuos y terminó de manera áspera y convertido en un diálogo de sordos.

Las aportaciones de Schutz por las que lo considero un autor extremadamente importante para el cambio del marco teórico de la disciplina, y que de alguna manera —junto con las otras sociologías interpretativas mencionadas por Giddens— lo convierten en un teórico fundamental para la sociología actual son las siguientes:

Incorporó el mundo cotidiano a la investigación sociológica, con lo que abrió la puerta a la posibilidad de articulación entre los estudios de los sistemas e instituciones y los incipientes estudios de las relaciones cara a cara. Schutz es uno de los primeros pensadores en reivindicar como objeto de estudio de la sociología el ámbito de la “socialidad”, o sea el conjunto de relaciones interpersonales y actitudes de la gente que, aunque dependen de patrones aprendidos, son pragmáticamente reproducidos o modificados en la vida cotidiana.

Las principales características del mundo de la vida cotidiana son:

a) Que es presupuesto, o sea que sus significados y las construcciones de que se compone son sociales, nos anteceden y conforman un conjunto de códigos y formas de ver lo que nos rodea que en principio aprendemos y no cuestionamos.

b) Que es intersubjetivo, o sea que entre todos lo construimos. Aquí vale señalar que Schutz no centró su interés en ver cómo los diversos actores tienen peso e importancia desigual en la construcción del mundo social. Es decir, las diferenciales de poder, tanto en las prácticas como en los discursos, no reciben atención por parte de este autor, lo cual es una falencia grave.

Que el mundo es intersubjetivo quiere decir que se constituye entre y por los sujetos, y se basa en la posibilidad no cuestionada de ponerse en el lugar del otro, de los demás. Desde un aquí y un ahora determinados, que constituyen su punto de partida, su punto de referencia, cada uno de nosotros percibe, define e interpreta las actitudes y acciones de los demás. Schutz remarca, siguiendo en esto a la hermenéutica, que en toda situación de interacción son posibles e inevitables los malos entendidos, pero que si no existiera la presuposición de que puedo entender a los otros, la posibilidad del mundo social se vendría abajo. Los procesos que se dan en el mundo social son resultado de múltiples acciones y de las recíprocas interpretaciones del sentido de las mismas, hechas por los sujetos de la interacción.

c) Que está conformado por personas que viven en él con una actitud que Schutz denomina “natural”, que consiste en tomar las cosas de manera acrítica, arreflexiva y práctica, tal como aparecen.

Cuando Schutz caracteriza de esta manera la actitud natural no está haciendo referencia a que la gente no cuestiona nada. Por lo general, lo que se llega a cuestionar es algún aspecto del orden social vigente, y esto tiene que ver con las posiciones o estatus que en cada sociedad determinada detentan los actores (el obrero se queja del patrón que lo explota, e incluso puede rebelarse contra el sistema capitalista e intentar cuestionarlo y hacer la revolución; los jóvenes se quejan y cuestionan a los adultos; la nuera cuestiona a la suegra, etcétera), pero ese es un nivel de cuestionamiento que no es el foco de la atención de Schutz. El nivel al cual plantea el cuestionamiento no es el de un orden social específico, sino en los supuestos básicos de todo y cualquier proceso de interacción, que podríamos decir constituyen condiciones de existencia del mundo social.

d) Que está constituido por tipificaciones, o sea que el conocimiento que tenemos del mundo —natural y social— supone construcciones, es decir conjuntos de abstracciones, generalizaciones, formalizaciones e idealizaciones propias del nivel respectivo de organización del pensamiento. En términos estrictos, dice Schutz, los hechos puros y simples no existen. Cualquier dato nuevo es ubicado de manera no consciente en su horizonte de significación, y en forma automática interpretado por asociación con hechos anteriores que se le parecen.



Los hechos no son significativos por sí mismos, sino que son seleccionados según nuestros intereses del momento, e interpretados de acuerdo a reglas de procedimiento habituales en nuestro contexto.

Con las tipificaciones los objetos se estabilizan como objetos idénticos a sí mismos. A pesar de los cambios en las perspectivas físicas desde las que se observan y, en el caso de objetos animados, de sus formas cambiantes y diversas manifestaciones conductuales.

e) Que los objetos del mundo social están constituidos dentro de un marco de “familiaridad y preconocimiento”, proporcionado por un repertorio de conocimientos disponibles cuyo origen es fundamentalmente social. Esto es lo que habitualmente se llama “acervo de conocimiento a mano”.

f) Que el repertorio de construcciones sociales se mantiene de forma tipificada. El conocimiento tipificado según el cual los actores analizan el mundo social es aproximado y revisable, pero dentro de la actitud de la vida cotidiana en la que las construcciones sirven como recursos pragmáticos para la organización de la acción toda duda de tipo general respecto a su validez y utilidad queda suspendida. A esto es a lo que se denomina epoché de la actitud natural.

g) Que el entendimiento intersubjetivo entre los actores se alcanza mediante un proceso activo en el que los participantes asumen la tesis general de la reciprocidad de perspectivas. Es decir: a pesar de las diferentes perspectivas, biografías y motivaciones a las que se debe que los actores no posean idénticas experiencias del mundo, tienen que tratar sus experiencias como “idénticas a todos los fines prácticos”.

La tesis de la reciprocidad de perspectivas se compone de dos idealizaciones o supuestos no explicitados, que sin embargo permiten la vida en el mundo: 1) los puntos de vista son intercambiables, o sea que se presupone que puedo ponerme en el lugar del otro y que el otro se puede poner en mi lugar, 2) que existe congruencia en el sistema de significatividades, o sea que presupongo que vemos el mundo de la misma manera.

Las normas y valores no son, por lo tanto, un conjunto homogéneo que todos internalizamos en el proceso de socialización y a las cuales nos conformamos automáticamente, sino el resultado de un conjunto de prácticas, usos y costumbres en permanente modificación, cuya aceptación es básicamente pragmática y que tiene una vigencia negociada.

A su explicación de las propiedades del conocimiento de sentido común, Schutz añadió el importante corolario de que este tipo de conocimiento está organizado como un mosaico de retazos sumamente desiguales, en el que las experiencias claras y distintas se entremezclan con vagas conjeturas; suposiciones y prejuicios se entreveran con evidencias bien probadas; motivos, fines y medios, así como causas y efectos, se engarzan sin una clara comprensión de sus conexiones reales. Y afirmó que no tenemos ninguna garantía de la fiabilidad de todos esos supuestos que nos gobiernan. Las características del conocimiento científico y del conocimiento del sentido común son difícilmente comparables, sostiene Schutz, y las acciones idealmente racionales no han de buscarse en el mundo del sentido común, en el cual las acciones son —en el mejor de los casos— racionales de manera parcial, y esa racionalidad tiene grados diversos.

¿Por qué considero entonces que Schutz rompe con la ingenuidad de los análisis sociológicos precedentes? Entre otras cosas, porque en lugar de concebir a las acciones que se apartan de lo esperado como conducta desviada, Schutz ve los diferentes grados de aceptación de las convenciones como producto de la interacción y la negociabilidad intrínseca de la vida en el mundo cotidiano.

Además, porque con Schutz se considera el supuesto equilibrio armónico parsoniano como una afirmación sociológica trivial. Schutz no acepta el teorema fundamental de la internalización de valores y normas y la posterior conformidad, sino que sienta las bases para una visión más pragmática, negociada, de las normas que posteriormente —con Garfinkel— desarrolló la etnomedología.

Por otra parte, si bien comparte hasta cierto punto el determinismo cultural parsoniano, Schutz lo analiza de manera diferente, desde el punto de vista de Heidegger, como mundo preinterpretado que se nos impone.

Schutz permite una visión más escéptica de las razones de la acción en el mundo cotidiano, más ácida, porque intenta descubrir los supuestos no explícitos de la socialidad.

El planteamiento de las realidades múltiples da un viso de relatividad, subjetividad y pragmatismo, quita la ilusión del mejor de los mundos posibles, remite a las oscuridades de la individualidad interior. En fin, preanuncia el fin de la inocencia o ingenuidad sociológicas, a pesar de todos sus defectos.



Bibliografía

H. Garfinkel, Studies in Ethnomedology, Cambridge, Polity Press, 1984.

A. Giddens, New Rules of Sociological Method, Londres, Hutchinson, 1976.

R. Grathoff, The theory of Social Action: The Correspondence of Alfred Schutz and Talcott Parsons, Bloomington, Indiana University Press, 1978.

J. Heritage, “Etnomedología”, en Giddens, Turner et al., La teoría social, hoy, México, Alianza, 1991.

T. Parsons, El sistema social, Madrid, Revista de Occidente, 1960.

A. Schutz, La fenomenología del mundo social, Buenos Aires, Paidós, 1978.

, El problema de la realidad social, Buenos Aires, Amorrortu, 1978.

, Estudios sobre teoría social, Buenos Aires, Amorrortu, 1978.


*Lidia Girola (Buenos Aires, Argentina, 1949) es profesora desde 1983 en el Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, titular C. Estudió la licenciatura en sociología en Argentina. Es maestra y doctora en la misma disciplina por la UNAM. Sus áreas de investigación son las teorías sociológicas de la modernidad y la historia y sociología de la sociología en México. Su publicación más reciente es Introducción al pensamiento de Anthony Giddens

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