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El infierno de Chernobyl

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El infierno de Chernobyl (1986-2006) I

José María Pérez Gay

"El sábado 26 de abril de 1986 la primavera había llegado a Ucrania, el cielo azul resplandecía en la ciudad de Kiev, el abedul de Carelia retoñaba y los labradores segaban los campos de trigo. Mi hijo tenía 46 días de nacido y mis últimos poemas estaban a punto de publicarse. Hoy, a principios del siglo XXI, me parece legítimo preguntarse: ¿qué ocurrió el 26 de abril de 1986 en Ucrania?" -escribió Yuri Andrujovitsch, escritor ucraniano, en su libro de crónicas Chernobyl, la mafia y yo.

Nadie sospechaba lo que ocurría esa mañana a 130 kilómetros al norte de Kiev, la capital de Ucrania, en la Unión Soviética. "Ni el domingo 27, ni el lunes 28, ni el martes 29 de abril... La mañana del 1º de mayo -cuenta Andrujovitsch- la agencia de prensa Novosti filtró una noticia sobre averías leves en el reactor nuclear de Chernobyl, 'pero en realidad todo está bajo control -decía la agencia- no hay nada de que preocuparse'."

El lunes 28 de abril, a las 9 de la mañana, la central nuclear de Forsmark -unos 100 kilómetros al norte de Estocolmo- detectó niveles de radiactividad 14 veces superiores a lo normal. Al principio los directores de la central sueca pensaron en un desperfecto de su propio reactor -las primeras noticias de las agencias hablaban de un accidente en Suecia-; pero un control exhaustivo mostró que el reactor se encontraba en perfectas condiciones: por el contrario, la radiactividad venía desde lejos. Cuando el gobierno de Suecia solicitó a Moscú una explicación, las autoridades soviéticas respondieron con informes evasivos. Al día siguiente, un comunicado del Consejo de Ministros de la Unión Soviética leído frente a las cámaras de la televisión reconoció que se había generado un accidente en la planta nuclear de Chernobyl, en Ucrania. Mientras pasaban los primeros cuatro días después de la estallido, las autoridades soviéticas negaron toda la información sobre el desastre: los ucranianos quedaron entonces a merced de la radiactividad.

La noche del 25 al 26 de abril de 1986 -a la 1:23 de la madrugada, para ser más exactos-, en el reactor número cuatro de la planta nuclear de Chernobyl tuvo lugar el mayor accidente de la historia de la energía nuclear. Los efectos de la radiactividad han superado todos los pronósticos; la verdadera magnitud de los daños se ha descubierto sólo 20 años después. El cálculo de la Comisión Parlamentaria de Ucrania habla de 30 mil muertos y al menos 10 millones de individuos, entre ellos 3 millones de niños, víctimas de las radiaciones. Las explosiones de Chernobyl expandieron la radiactividad de modo muy severo en Bielorrusia, Ucrania y Rusia; ocasionó pérdidas incalculables, daños irreparables a las personas, la flora y la fauna. Más de 16 mil kilómetros cuadrados están contaminados, la nube radioactiva envolvió a gran parte de Europa oriental. La catástrofe de Chernobyl es, sin duda, una de las mayores catástrofes ambientales de la historia; en 2006 sus pérdidas superan 350 mil millones de dólares.

Los cuatro reactores de Chernobyl eran del tipo RBMK-1000, peligroso modelo de agua en ebullición, de acuerdo con especialistas, moderado por grafito. Por paradójico que suene, el accidente tuvo lugar cuando los expertos soviéticos llevaban a cabo un ensayo rutinario de seguridad. Se simulaba un corte del suministro eléctrico de la central, y así podrían probar que la electricidad producida por el alternador -a partir de la inercia de la turbina- podía usarse para alimentar el sistema de refrigeración de emergencia como un puente que permitiera disponer después de los grandes generadores. Al principio se previó ensayar con una reducción de la potencia, desde 3 mil a mil megavatios térmicos (MWt), pero el reactor no pudo estabilizarse con suficiente rapidez; entonces la potencia se redujo a sólo 30 MWt. Al acumularse energía en el combustible (300 cal/g) se produjo una disgregación del mismo seguida por una explosión. Dos o tres segundos después ocurrió una segunda explosión por la fuga del hidrógeno y el vapor oxidó al zirconio de las varillas del combustible.

La primera explosión lanzó al aire la losa de cuatro toneladas que soportaba al reactor y destruyó el sistema de contención; la entrada del aire facilitó la combustión del grafito. En ese momento empezó el infierno radiactivo. Durante nueve días de una lucha sin precedentes, los héroes anónimos de Chernobyl, mediante inmensos esfuerzos y sacrificios humanos, lograron controlar el incendio después de la segunda explosión. Los helicópteros lanzaron sobre el núcleo del reactor más de 5 mil toneladas de plomo, boro y otros materiales, construyeron un inmenso sarcófago con 410 mil metros cúbicos de hormigón y 7 mil toneladas de acero. El sarcófago se terminó en noviembre de 1986; en 2015 deberá ser sustituido por una estructura más poderosa. No obstante, el reactor de Chernobyl permanecerá radiactivo los próximos 100 mil años. "Por primera vez en nuestras vidas, las radiaciones en Ucrania permitieron darnos cuenta de la eternidad en el tiempo -escribe Andrujovitsch-: la presencia radical de una muerte eterna. Si lo traducimos al lenguaje del análisis político, la verdadera catástrofe consistió en que los habitantes del imperio soviético se dieron cuenta de que existían en el mundo fuerzas más devastadoras que el Gulag o el Politburó del Partido Comunista."
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Three Mile Island, isla ubicada en el río Susquehanna, no muy lejos de Harrisburg, Pensilvania, cuenta con dos reactores nucleares. El miércoles 28 de marzo de 1979 uno de los dos reactores de la estación generadora de la isla, el TMI-2, sufrió una fusión parcial.

El accidente comenzó a las 4 de la mañana, cuando la planta planta sufrió un desperfecto en la sección secundaria (no nuclear). Las bombas hidraúlicas de alimentación dejaron de funcionar y se registró una avería mecánica o eléctrica que impidió reducir las altas temperaturas del sistema de generación de vapor. Primero la turbina y luego el reactor se apagaron de modo automático. De inmediato la presión en el sistema primario (la sección nuclear de la planta) aumentó. Para evitar que la presión alcanzara niveles peligrosos, la válvula de descarga se abrió. Aunque debió cerrarse al disminuir la presión, falló otra vez. Las señales disponibles que llegaban a los operadores no indicaron que la válvula estuviese abierta. Como consecuencia inevitable, la válvula ocasionó que disminuyera la presión en el sistema, pero se liberó una carga radiactiva al exterior.

En Three Mile Island se liberaron 17 curios (unidad de medida de la radiactividad). Según las autoridades soviéticas, en Chernobyl se liberaron 50 megacurios (50 millones de curios), los radionucleidos más peligrosos, y otros 50 megacurios en gases radiactivos inertes. La velocidad de desintegración o actividad radiactiva se mide en becquerelios. Un becquerelio equivale a una desintegración por segundo. Existen también otras unidades más complicadas como el curio que equivale a 3,700 x 1010 desintegraciones por segundo, que es más o menos la actividad de un gramo de radio. Las cifras reales fueron mayores que las publicadas por el gobierno soviético. Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, las emisiones ascendieron a 140 megacurios. Las organizaciones antinucleares no gubernamentales aseguran que en el accidente de Chernobyl se emitió 200 veces más radiactividad que la desencadenada por la suma de las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945; no obstante, el gobierno de Ucrania afirma que fueron 500 veces más.

En un radio de 30 kilómetros, las autoridades rusas evacuaron a la población. En marzo de 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que 400 mil personas no regresaron a sus hogares. La ciudad de Pripiat es un espectro urbano. Tenía 50 mil habitantes antes de la explosión de Chernobyl; hoy está abandonada. La radiactividad es altísima y el acceso está prohibido. En esa zona de exclusión -los mismos 30 kilómetros alrededor de Chernobyl- sólo habitan 556 ancianos, no tienen adónde ir y son incapaces de adaptarse fuera de sus pueblos de origen. Un total de 5 mil kilómetros cuadrados presenta una contaminación superior a un curio por kilómetro cuadrado y, como explica la AIEA, hay 825 mil personas viviendo en áreas con más de 5 curios/km2. Un territorio del tamaño de Holanda -afirma un informe de la OMS- ha quedado improductivo y muerto para cualquier actividad agrícola.
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Las 30 personas que murieron durante el incendio -trabajadores de la central y bomberos- están sepultadas en el cementerio de Mitinskoe, los ataúdes de acero impiden que sus restos sigan emitiendo radiactividad. Unas 800 mil personas, los llamados liquidadores, participaron en la construcción del sarcófago que envuelve al reactor o en las tareas de descontaminación y limpieza; todos recibieron altas dosis de radiactividad, superiores a 7 por ciento, a más de 250 mSv (milisievert, unidad de absorción radiactiva del cuerpo humano), aunque muchos superaron los 500mSv. La dosis máxima admisible reconocida en el ámbito internacional es de 5 mSv/año. El gobierno de Ucrania reconoce que más de 8 mil liquidadores han muerto y otros 12 mil están traspasados por el rayo mortal de las radiaciones. Los informes del propio gobierno de Rusia confirman que 38 por ciento de los 300 mil liquidadores padecen enfermedades mortales.

Una de las más graves consecuencias de la catástrofe de Chernobyl: miles de personas absorbieron grandes cantidades de yodo-131 y cesio-137. El yodo-131, aunque tiene una vida muy corta, se acumula en la glándula tiroides y, sin duda, causa hipertiroidismo y cáncer, sobre todo en los niños. El cesio-137 tiene una vida media de 30 años; sus efectos se conocerán sólo más tarde. De acuerdo con un estudio dirigido por Yuri Dubrova, del Instituto Vavilov de Genética General con sede en Moscú, que publicó la revista científica Nature a 10 años de la catástrofe (en 1996), el ADN de las células germinales que transmiten la información genética fue dañado por la radiactividad, algo que no ocurrió en de Hiroshima o Nagasaki.

Las consecuencias de Chernobyl se perpetuarán durante varias generaciones. La OMS descubrió en 1995 que el cáncer de tiroides en Bielorrusia era 285 veces más frecuente que antes de la catástrofe y otras enfermedades en Ucrania eran 30 por ciento superiores a lo normal, sobre todo a causa del quebranto del sistema inmunológico. En la región de Gomel, en Bielorrusia, el cáncer de tiroides entre la población infantil se ha multiplicado por 100 y los casos son más frecuentes cada día. Las leucemias, cuyo periodo de latencia es más largo, comienzan a expanderse, sobre todo entre los liquidadores; la tuberculosis en los huesos es una de las enfermedades que más ha aumentado en los años recientes, consecuencia también de las radiaciones.

Segunda y última:

"¿Cómo reaccionamos en el primer momento? Le temíamos al viento, a la lluvia, al césped verde y fresco -escribió Yuri Andrujovitsch-, a la luz y al agua que bebíamos." En los primeros días de mayo de 1986 los habitantes de Ucrania vivieron la inmediata presencia de una muerte silenciosa -que no escuchaban ni veían. "Se expandió por todas partes, en los jardines y en las flores, en el agua y en el aire, se anidó en nuestras las casas y en nuestros cuerpos, que de pronto emitieron el fulgor de su ruina."

Luego cundió el pánico: cientos de miles abandonaron los territorios contaminados por la radiactividad, huían desesperados del lugar del desastre, sobre todo de la ciudad de Kiev. Los rumores empezaron a circular a la semana siguiente: una tercera explosión más violenta tendría lugar en menos de 10 días, devastaría Kiev y entonces el occidente sería el último refugio. Los rumores no eran del todo gratuitos. "La gente huía al occidente -por alguna razón, escribe Yuri Andrujovitsch, siempre se huye rumbo al occidente-; sin embargo, la existencia de la cortina de hierro limitaba el Occidente a Ucrania occidental: nadie podía abandonar la Unión Soviética."

A mediados de mayo comenzó el éxodo, las estaciones de trenes se abarrotaron, las mujeres con sus hijos en brazos golpeaban las puertas clausuradas de la Estación Central y la histeria colectiva se propagaba implacable como otra epidemia -recuerda Andrujovitsch. "No asistimos al fin del mundo -afirmó Ivan Malkovitsch, otro escritor ucraniano-, pero fuimos testigos del fin del imperio soviético." Chernobyl fue, sin duda, el factor decisivo de la decadencia y desaparición de la Unión Soviética.

Lo imperdonable: el silencio de Ministerio del Interior; la evacuación, una semana después, de cientos de niños del barrio de Krechchatik, una zona de alta radiactividad en Kiev; la orden de mantener en secreto los diagnósticos oncológicos y las mutaciones anatómicas; la diaria mentira de la propaganda; "el triunfo de la razón comunista sobre las fuerzas de la naturaleza"; la censura, el cinismo y el oportunismo de burócratas; el reparto de alimentos no contaminados para la nomenclatura, el diario regateo de Moscú.

"Todo esto emergió en diciembre de 1991, cuando despareció la Unión Soviética, como la radiación de un reactor gigante, y borró -escribe Malkovitsch- para siempre al imperio. La Unión Soviética había perdido Ucrania, el imperio se condenaba a sí mismo."

En septiembre de 2005, la Agencia Internacional de Energía Atómica y la Organización Mundial de la Salud publicaron un informe sobre el accidente que reducía de modo drástico el número de muertes y se concentraba en Bielorrusia, Rusia y Ucrania; mencionaba sólo 59 muertes, 4 mil más previstas y 99 por ciento de los cánceres de tiroides en los niños aliviados. El informe suscitó una violenta reacción de los científicos ucranianos, rusos y bielorrusos -los estadunidenses y europeos se sumaron después-; todos discreparon de sus análisis y cifras.

"El informe sólo reúne cifras falsas", afirmó Volodimir Usatenko, consejero de la comisión del Parlamento de Ucrania encargada de la seguridad nuclear. En el otro informe de Chernobyl, un ensayo de de la Comisión Europea, se muestra la verdadera dimensión de la catástrofe. La ex Yugoslavia, Finlandia, Suecia, Bulgaria, Noruega, Rumania, Alemania, Austria y Polonia recibieron cada uno más de 10 becquerelios (bq) de cesio-137. Unos 3 mil 900 kilómetros cuadrados de Europa quedaron contaminados -en una cantidad superior a 4 mil bq/m2-. Además, 2.3 por ciento del territorio europeo recibió dosis de radiactividad más elevada. Austria fue el país más expuesto, según el otro informe; Finlandia y Suecia recibieron 5 por ciento de la radiactividad. Los países que tuvieron los peores daños fueron Alemania (44 por ciento de sus tierras contaminadas) y Reino Unido (con 34 por ciento).

Las anomalías cromosomáticas, precursoras de leucemias y cánceres, han sido detectadas, al igual que enfermedades del sistema endocrino, nervioso, digestivo y cardiovascular. Según el profesor Alexander Ivanovich Avramenko, jefe del Departamento de Protección de la Salud, de Kiev, "la morbilidad general ha aumentado 30 por ciento, la hipertensión se ha triplicado, la isquemia cardiaca se ha incrementado 103 por ciento, las úlceras 65.6 por ciento, la diabetes 61 por ciento y los ataques cardiacos 75 por ciento. Los patrones clínicos de muchas enfermedades están cambiando, debido a la depresión del sistema inmunológico".

Los niños son los más dañados. Las malformaciones entre los recién nacidos se han duplicado en los años recientes. Según Dillwyn Williams, profesor de histopatología de la Universidad de Cambrigde, expertos mundial en cáncer de tiroides, 40 por ciento de niños expuestos cuando tenían menos de un año desarrollarán cáncer de tiroides. Miles de personas contraerán cánceres en los próximos 30 años. En una conferencia de la OMS sobre las consecuencias de Chernobyl, realizada en 2004 en Ginebra, el experto señaló sobre la incidencia de este cáncer en Bielorrusia y Ucrania: "he hecho algunas sumas, la respuesta me aterroriza".

El río Pripiat llevó la radiactividad a su afluente, el río Dnieper (por su caudal, el tercer río europeo) y, tras el recorrido de 800 kilómetros y seis grandes embalses, desembocó en el mar Negro. El agua contaminada puede afectar a 30 millones de personas. Según el Informe Sansone, preparado por 59 científicos bajo la dirección del italiano Umberto Sansone, más de 9 millones beben agua contaminada y otros 23 millones comen alimentos irrigados con aguas radiactivas. Las balsas y pequeños embalses construidos para detener las aguas contaminadas sólo agravaron el problema, pues quedaron destruidas cuando cayeron las primeras grandes lluvias.

Los peces del lago Kojanovskoe presentan grados de radiactividad 60 veces superiores a los límites en la Unión Europea. La única decisión ha sido la total prohibición del consumo de pescado en la región. El agua contaminada es posiblemente la mayor amenaza a 20 años del accidente. La explosión nuclear depositó 380 terabecquerelios de estroncio y plutonio en la zona circundante al reactor.

Pero la maldición de Chernobyl no ha terminado. En octubre de 1991 se produjo un incendio en el reactor dos, mientras el uno y tres siguieron funcionando. La crisis económica de Ucrania dejó a la intemperie a sus ciudadanos. En noviembre de 2005, 400 kilogramos de plutonio, más de 100 toneladas de combustible nuclear y 35 toneladas de polvo radiactivo permanecían dentro del sarcófago de plomo, boro y cemento que envuelve la planta nuclear, que necesita ser reparado o sustituido. El envoltorio, diseñado para 30 años, tiene 200 metros cuadrados de grietas. Cerca de 12 mil personas trabajan en la zona contaminada y siguen recibiendo altísimas dosis de radiactividad.

Chernobyl no sólo fue una calamidad para la vida y salud de millones de personas; también significó una gran crisis económica: una de las causas más importantes de la desaparición de la URSS. Las tareas de limpieza en los tres primeros años costaron 19 mil millones de dólares -ya han superado 120 mil millones. Para 2015 -calculan en Bielorrusia- las explosiones de Chernobyl habrán costado más de 230 mil millones de dólares.

El monto total será de 358 mil millones de dólares (lo de 100 centrales nucleares), resultado del tratamiento médico, vigilancia de la descontaminación y reubicación de habitantes. El capital destinado después de la catástrofe de Chernobyl habría sido suficiente para sustituir todas las plantas nucleares del mundo por centrales de ciclo combinado de gas natural (80 por ciento de la potencia) y aerogeneradores eólicos (20 por ciento restante), y aún sobrarían 200 mil millones de dólares. "La independencia de Ucrania -escribió Yuri Andrujovitsch- tiene el amargo sabor del Apocalipsis."

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