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Adriana Cortés entrevista con Miguel León Portilla

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Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano



En esta entrevista, Miguel León Portilla, autor de La filosofíanáhuatl y La visión de los vencidos, entre muchos otros libros, habla acerca de sus inicios como historiador, de su método de investigación a lo largo de cincuenta años de trabajo y de su más reciente libro: Tonantzin Guadalupe. Pensamiento Náhuatl y Mensaje Cristiano, editado por el FCE, donde muestra su interpretación del polémico relato del Nican mopohua, que trata acerca de las apariciones de Tonantzin Guadalupe. Adriana Cortés preguntó al maestro Portilla sobre el método seguido por su preceptor, el padre Garibay. El doctor Portilla entra a terrenos polémicos con una gran seriedad científica, pero también con el sentido del humor propio de los que saben mucho y tienen vocación de servicio a la comunidad.


¿Qué lo motivó a dedicarse a la historia?

–Influyó en mí el doctor Manuel Gamio, el iniciador de la moderna antropología, quien era mi tío. Cuando era niño, sabía que él trabajaba en las excavaciones del templo de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Desde entonces me sentí profundamente atraído por la cultura prehispánica. Años más tarde escribí mi tesis de maestría sobre Las dos fuentes de la moral y la religión, de Henri Bergson, que es en cierta forma un libro de historia de las religiones comparadas, de filosofía y también, en cierta forma, de historia y de antropología. En ese momento cayeron en mis manos algunas traducciones del padre Ángel María Garibay, de Poesía indígena de la altiplanicie, que publicó hacia 1940, y de Épica náhuatl. Yo había estudiado a los presocráticos y me parecía que los autores de esos poemas nahuas eran una suerte de filósofos indígenas.

–¿Cuándo y cómo fue su primer contacto con el padre Garibay?

–Después de cursar el posgrado en Estados Unidos, a través de Manuel Gamio le dije al padre Garibay: "Yo quiero estudiar con usted." Él me preguntó: "¿Sabe usted náhuatl?" Yo no sabía, entonces me respondió: "Pues tiene que estudiar, yo le ayudo, pero si veo que no da usted golpe, se va de aquí porque yo no pierdo el tiempo." Eso ocurrió en 1956; después entré a la UNAM e hice mi tesis de doctorado con él: La filosofía náhuatl.

–¿Cuál es su método de trabajo?

–Siempre he tomado como método el localizar los documentos, los textos, paleografiarlos, traducirlos y comentarlos. Asimismo, los cotejo con otros textos para ver si tienen expresiones paralelas y busco su relación con los códices de jeroglíficos y con los hallazgos de la arqueología. Cuando el Templo Mayor se empezó a excavar, iba mucho con Eduardo Matos Moctezuma. Descubrimos textos que hablan del templo; gracias a eso, podemos saber lo que es el Templo Mayor. El famoso Cerro de Coatepec vuelve a ser el corazón del pensamiento mexica, donde nació Huitzilopochtli.

–Después de haber investigado sobre temas de la cultura náhuatl, ¿por qué su interés por la Virgen de Guadalupe, en su más reciente libro?

–La Virgen de Guadalupe, a lo largo de la historia de México y en el contexto más amplio de nuestra cultura, tiene una gran significación. Lo podemos ver en grandes movimientos sociales y en situaciones de gran crisis: en la Colonia hubo momentos de graves epidemias, entonces se invocaba a la Virgen de Guadalupe; cuando Hidalgo inicia la guerra de independencia, toma un estandarte con la efigie de la Virgen; Morelos le atribuía el haber ganado la batalla. Más recientemente, los zapatistas llevaban en su sombrero una imagen de la Virgen. Y basta con ir a la Basílica de Guadalupe un 12 de diciembre: la Virgen atrae multitudes.

–Según su punto de vista, ¿dónde radica su fuerza?

–Veo en ello raíces indígenas. En el mundo prehispánico se concebía a la divinidad suprema como un solo dios que era a la vez nuestra madre y nuestro padre: Tonantzin, nuestra madrecita, ocupa el aspecto femenino de la religión. Considero que eso es importantísimo. Ignacio Manuel Altamirano dijo: "Si algún día se olvida a la Virgen de Guadalupe en México, posiblemente ese día estará en peligro de desaparecer la nacionalidad mexicana." El texto del Nican mopohua tiene muchos elementos del pensamiento náhuatl que no ponen de relieve la mayoría de las traducciones; yo quise resaltarlos en mi trabajo. Esos son los principales motivos que me llevaron a entrar en este campo.

–¿En su libro toca el punto de las polémicas de los aparicionistas?

–Desde luego me alejo por completo de las polémicas de los aparicionistas y de los antiaparicionistas. No es tarea del historiador demostrar milagros, aunque hay gente que cree en ellos. Me interesa el texto, la resonancia de la imagen y el simbolismo de la Virgen de Guadalupe. Para el historiador es imposible demostrar un hecho sobrenatural; prescindiendo de si hubo o no hubo una aparición de la Virgen, lo que sí es un hecho es que se decía que algo había ocurrido. Yo, como todos los mexicanos, siento cercanía al simbolismo de la Virgen de Guadalupe como quien se declara ateo y se dice guadalupano. Aquí, en el centro de Coyoacán, en el muro de la iglesia se formaron con el agua unas manchas que parecían la imagen de la Virgen y le pusieron flores y veladoras. Decía la gente: "¡Se apareció, se apareció!" Por eso yo repito: la aparición de la Virgen de Guadalupe era un rumor que corría en el siglo xvi, de eso no hay duda.

–¿Cuándo fue su primer encuentro con el texto y cómo ocurrió?

–Bueno, el texto es muy conocido. Hay varias traducciones de él. Lo que me ha interesado en los últimos años ha sido el texto en algunos de los manuscritos más antiguos. No se conserva el texto original del Nican mopohua. Tenemos la edición de Lasso de la Vega publicada en el siglo XVII; se ha buscado por todas partes el manuscrito original. En la Biblioteca Pública de Nueva York hay algunos manuscritos en náhuatl que contienen parte del texto; uno en particular, que contiene los primeros folios, parece ser una copia muy temprana.

Algunos historiadores, como el padre Ernesto Burrus, pensaron que podía ser el original; yo creo que eso es imposible porque hay en él un párrafo repetido, probablemente debido al error de un copista. Sin embargo, este texto que se conserva es muy antiguo y es el que tomo como base para la primera parte de mi traducción; después acudo a la edición de Lasso de la Vega. Yo digo que el Nican mopohua está escrito en un estilo de una lengua clásica náhuatl y que es una joya de la literatura colonial en náhuatl.

–Se sabe que Carlos de Sigüenza y Góngora, Lorenzo Boturini y otros historiadores tanto de siglos pasados como de la época contemporánea tuvieron conocimiento del texto. ¿Ellos también aludieron a sus elementos indígenas?

–Sigüenza y Góngora dice que tuvo el manuscrito y que estaba firmado de puño y letra por Antonio Valeriano. Bezerra Tanco también dice que estaba hecho por la mano de un indio muy conocido. Lorenzo Boturini se interesó muchísimo por los documentos que tenían que ver con la Virgen de Guadalupe. Él dice que le consta que ese texto era de Valeriano. Hay historiadores modernos que sostienen que no hay pruebas suficientes para asegurarlo.

–¿Cuál es su postura al respecto?

–Pienso que el hecho de que Sigüenza –quien dice haber tenido el texto– haya afirmado que era de Valeriano, es un testimonio que debemos tomar en cuenta. Además, coincide con Bezerra Tanco y Boturini. Curiosamente, Edmundo O’Gorman, en Destierro de sombras –donde pretendía desmitificar la historia de la Virgen de Guadalupe al decir que no hay bases para sustentar sus apariciones–, admite que Valeriano escribió el Nican mopohua hacia 1556, es decir, coincide con lo afirmado por Sigüenza y Góngora y Boturini. Creo que quien escribió el Nican mopuhua era una persona que conocía muy bien la lengua náhuatl, que la tenía como materna. Es un texto en un náhuatl correcto y castizo, por decirlo así; un náhuatl que recuerda el de los Huehuehtlahtolli o de los Cantares mexicanos. Además, conocía muy bien textos de la antigua literatura y la visión del mundo náhuatl. Tuvo que ser alguien del siglo XVI, porque ya en el XVII había menos gente indígena que pudiera conocer esto. Así que su autor fue muy probablemente Valeriano.

Y éste –dice Hernando Alvarado Tezozómoc, cronista de la nobleza indígena más alta–, no era noble, pilli, sino un hombre del pueblo y un gran sabio. Bernardino de Sahagún, quien lo tuvo por discípulo en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, dice que era de los más inteligentes. Llegó a ser gobernador de la ciudad donde nació, Azcapotzalco, y después fue gobernador de México durante muchos años hasta su muerte a principios del siglo xvii. Ha de haber nacido por 1518; probablemente en tiempos de la Conquista era un niño. Valeriano era respetadísimo; se conservan muchos textos firmados por él en el Archivo General de la Nación. Cuando era gobernador firmaba sentencias y acuerdos. Se dice que no era sólo un gran conocedor del latín, sino que inclusive era filósofo.

–¿Qué tan cierta es la hipótesis de que uno de los objetivos del Nican mopohua fue el de sacralizar la imagen de la Virgen de Guadalupe?

–Efectivamente, por esos años el padre Bustamante, provincial de los franciscanos, dio un sermón mediante el cual condenaba la devoción a la Virgen de Guadalupe. Montúfar, el segundo arzobispo de México, se disgustó mucho con ese sermón; promovió una serie de investigaciones y así fue como muchos testigos hablaron del asunto; entre ellos un catalán que decía: "Así como en mi tierra va mucha gente a la Virgen de Montserrat, aquí vienen muchísimas personas a la Virgen de Guadalupe." Para mediados del siglo XVI, el culto guadalupano tenía bastante fuerza.

En su libro Documentos guadalupanos, Xavier Noguez, discípulo mío, muestra que en varios anales indígenas se alude a un portento que hubo. Es decir, había conciencia en el pueblo de que algo había ocurrido. Inclusive, Valeriano había oído hablar de las apariciones y probablemente había leído o le habían enseñado algo sobre éstas.

–¿Qué relación encuentra entre las representaciones teatrales de la época y el Nican mopohua?

–Probablemente Valeriano vio algunas representaciones teatrales que se llamaban Neixcuitili, como las obras que escenifica Miguel Sabido. Lo que escribió él tiene un poco el aire de una obra de teatro en varios actos. Yo no digo que lo sea; sin embargo, lo parece. Quizás el arzobispo Montúfar, al saber que escribía muy bien, le pidió que escribiera el Nican mopohua y él lo hizo con base en los rumores que corrían, dándole una fundamentación basada en el pensamiento náhuatl.

–¿Puede hablarse de una variedad de estilos en el Nican mopohua?

–En el Nican mopohua no. Sí los hay en lo que publicó Lasso de la Vega; también me ocupo de esto en mi libro. El Nican mopohua es de un solo estilo, no solamente correcto, sino elegante y pulido, del náhuatl clásico. Lo que publicó Lasso de la Vega es una serie de fragmentos y él se pone como autor del Nican mopohua y del Nican motecpana; fray Juan de Torquemada, quien escribió su Monarquía indiana hacia 1619, también se hace pasar por autor de cosas que no había escrito. Asimismo, Angel María Garibay afirma que el Nican mopohua es de un solo estilo a diferencia de los otros escritos publicados por Lasso. O’Gorman no profundiza en este aspecto; de hecho, él no podía opinar al respecto ya que no sabía náhuatl. Dos norteamericanos, Burrus y Lockhart, grandes conocedores de la cultura náhuatl, sostienen también mi hipótesis.

–¿Cuáles son los elementos nahuas del Nican mopohua?

–Abunda en metáforas típicas de la literatura indígena; tiene frases paralelas: los paralelismos típicos de la literatura náhuatl indígena prehispánica; alude a conceptos netamente indígenas. Por ejemplo, cuando aparece Juan Diego caminando por el Tepeyac para ir a Tlatelolco, su pueblo, dice que oyó unos cantos de aves, de las cuales da sus nombres. Estos pájaros preciosos aparecen en los Cantares. Luego dice: "y parecía como que el monte le respondía"; esta frase se encuentra ¡idéntica! en los Cantares mexicanos. Y dice: "Yo entré al bosque florido, a la tierra de nuestro sustento, que es Tonacatlalpan, a la tierra florida, Xochitlalpan." Algunos que tradujeron esto antes ponían: entré al Paraíso terrenal. Así, esfuman todo el sentido indígena. Juan Diego oye cantos y contempla flores. Flor y canto en el pensamiento náhuatl son la belleza, la poesía. Cuando la Virgen le dice quién es ella, se dirige así a Juan Diego: "Porque yo soy la siempre doncella; su madrecita del dador de la vida; del dueño del cerca y del junto; del dueño de la superficie de la tierra; del dueño de los cielos." No dice: "Soy la madre de Jesucristo."

Cuando Juan Diego manifiesta a la Virgen quién es él, habla así: "Soy una cosa para cargar bultos, un cacaxtli, un pobre hombre del pueblo, un hombrecillo; yo no soy como los pilli, los que tienen sangre y color, busca uno de ésos." Enteramente es toda una concepción náhuatl. Cuando le dice que su tío Bernardino está muy enfermo y que está esperando la muerte, le dice: "porque la muerte es nuestro tributo, es nuestro trabajo". No tengo la menor duda de que el Nican mopohua tiene una manera de expresión estilística de gran tradición indígena prehispánica y que aflora mucho el pensamiento náhuatl.

–¿De qué manera contribuyó el texto a la conquista espiritual de la Nueva España?

–Tendríamos que saber hasta qué grado se difundió en el siglo xvi. Sabemos que se publica hasta 1649; el rumor de las apariciones corrió un siglo antes. No sé si circularon copias de él, es posible. ¿Sirvió para la conquista espiritual? Yo publiqué otro texto importantísimo llamado El libro de los coloquios, sobre los diálogos de los sacerdotes indígenas con los primeros frailes, y también tienen un estilo parecido al Nican mopohua. Aunque los cronistas hablaban de él, no sabemos si el pueblo lo leía o no.

La gramática más antigua y completa del náhuatl se debe a fray Andrés de Olmos. La terminó el primero de enero de 1547 y de ella circulaban muchas copias manuscritas. En esa época no se imprimía mucho, era muy difícil. En el primer capítulo trato del origen del texto; en el segundo, de la estilística y de la presencia indígena en el pensamiento; y en el tercero analizo con cuidado todo lo concerniente al manuscrito y a la letra. Después dedico una parte a la traducción pareada: en náhuatl de un lado y en español del otro, como si fueran versos.

Al final del libro, como un apéndice, ofrezco un Cantar, cuya estructura es muy parecida a la del Nican mopohua. En él hay un personaje que entra también a la tierra de nuestro sustento, nada más que allí, quien le sale al encuentro es un colibrí precioso, que podría ser Huitzilopochtli, que significa "el colibrí izquierdero", y él le pregunta: "¿Qué buscas?" Es un diálogo paralelo en cierto modo al que encontramos en el Nican mopohua. Al final le dice: "Recoge flores, ponlas en tu tilma, y llévaselas a los señores para alegrarlos a ellos", como Juan Diego se lo informó al obispo Zumárraga. Esto lo incluyo en el libro porque creo que muestra justamente el pensamiento indígena.

–Una última pregunta: ¿no teme usted que su libro sirva de apoyo a los que defienden una teología indígena?

–Por el contrario, me gustaría que así fuera.

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