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No hay nada mas dificil que no engañarse a uno mismo.

“Reflexiones sobre la Revolución Francesa y otros escritos”, de Edmund Burke

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“Reflexiones sobre la Revolución Francesa y otros escritos”, de Edmund Burke


El contenido de este libro son las reflexiones que hace Edmund Burke sobre la Revolución Francesa, a raíz de que un joven francés le pidiera su opinión sobre ella. Por eso, no se trata de una obra de ciencia política, ni está organizada bajo un sistema preestablecido para la exposición de los distintos temas en ella desarrollados, sino que, de una manera muy espontánea –ya que se trata de cartas–, expone su opinión sobre las medidas que se tomaron con motivo de la Revolución, haciendo un repaso de la situación política, económica y social francesa anterior a ella.
En todo el desarrollo de “Reflexiones sobre la Revolución Francesa y otros escritos” (Ediciones Dictio, Buenos Aires, 1980), se ve la preocupación de Burke por conciliar la existencia de la libertad con la necesaria autoridad, sin la cual ningún Estado puede subsistir. Por ello es que funda una de sus críticas a la Revolución Francesa en que en muchos aspectos hubo más “licencia” o descontrol, que una auténtica libertad. Cree que, por un excesivo espíritu de innovación se tomaron medidas poco evaluadas en sus posibles consecuencias. 

Al hacer el repaso a la anterior situación de Francia, piensa que ésta no era tan mala dado el desarrollo que había alcanzado este país en los distintos aspectos de su vida cultural, económica, etc. Se pregunta, aun reconociendo los errores del régimen depuesto, si éste no podría haber sido corregido en vez de echar abajo toda su estructura e implantar un sistema absolutamente nuevo y experimental. Nos explica que es tan perniciosa una monarquía absoluta como una democracia absoluta, porque en esta última las minorías puede ser objeto de la más cruel opresión por parte de la mayoría. Cree que la virtud y el saber son las cualidades que se deben buscar en los gobernantes y que el sólo hecho de que éstos sean elegidos por el pueblo no significa necesariamente que poseerán tales atributos. 

Hacer una síntesis de todo el pensamiento de Burke expuesto en esta obra es una tarea demasiado difícil, ya que es tan vasto que siempre quedaría algo por destacar. Pero para terminar este apenas bosquejo de sus ideas, debemos resaltar el absoluto repudio que expresa sobre el clima de violencia, odio y resentimiento en el que se desarrolló la Revolución, porque ninguna libertad puede ser edificada sobre la injusticia, ninguna justicia ni igualdad sobre el robo, y ningún orden sobre el caos. 

Reproducimos a continuación algunos fragmentos del libro de Burke: 

La nueva libertad 
“En consecuencia yo debería suspender mis congratulaciones por la nueva libertad de Francia hasta que esté bien informado de cómo se combinó con el gobierno, con la fuerza pública, con la disciplina y obediencia del ejército, con la percepción de una renta efectiva y bien distribuida, con la moralidad y la religión, con la seguridad de la propiedad, con la paz y el orden, con las costumbres cívicas y sociales. Todas éstas a su modo son también cosas buenas, y sin ellas la libertad no es un beneficio mientras dura, y no tiene probabilidad de durar mucho tiempo.” 

Las cualidades para ser gobernantes 

“No imaginéis que deseo confinar el poder, la autoridad y la distinción de la sangre, los nombres y los títulos. No, señor. No hay para el gobierno más calificaciones que la virtud y el saber, reales o presuntos. Dondequiera que se hallen efectivamente, tienen, en cualquier estado, condición, profesión o negocio, el pasaporte del Cielo para los puestos y los honores humanos. ¡Pobre el país que impía y locamente rechaza los servicios del talento y la virtud, civil, militar o religioso, otorgados para adornarlo y servirlo; y condenará a la oscuridad todo lo que está formado para rodear al Estado de lustre y gloria! ¡Pobre asimismo del Estado que, pasando al otro extremo, considera que una baja educación, una estrecha concepción de las cosas y una sórdida ocupación mercenaria son títulos preferibles para el mando! Todos los cargos deben estar abiertos, pero no indiferentes a todos. Ninguna rotación, ningún nombramiento por sorteo, ningún método de elección que siga el espíritu de la rotación o el azar, puede en general ser bueno para un gobierno que deba ocuparse en objetivos muy vastos. Porque no hay en ellos tendencia, directa o indirecta, al elegir al hombre con miras a la función, o para acomodar el uno a la otra. No vacilo en decir que el camino hacia la eminencia y el poder, a partir de una posición oscura, no debe volverse demasiado fácil, ni como algo de cajón. Si el mérito raro es la más cara de las cosas, debe someterse a cierta especia de prueba. El templo del honor debe estar ubicado en una elevación. Si debe abrirse a la virtud, recuerdes también que la virtud nunca se prueba sino a través de alguna dificultad o lucha.” 

La composición de la Asamblea Nacional 

“Se dice que veinticuatro millones deben prevalecer sobre doscientos mil. Cierto; si la constitución de un reino fuera un problema de aritmética. Esta especie de discurso sirve si cuenta con el farol como auxiliar: para hombres que pueden razonar con serenidad, es ridículo. La voluntad de los más y su interés pueden diferir a menudo; Y la diferencia será grande cuando hagan una mala elección. Un gobierno de quinientos abogaduchos de campaña y oscuros curas de parroquia no es bueno para veinticuatro millones de hombres, aunque fueran elegidos por cuarenta y ocho millones, ni será mejor por el hecho de estar dirigido por una docena de personas de abolengo que traicionaron su mandato para lograr dicho poder. Actualmente, parecéis haberos extraviado en todo fuera del camino real de la naturaleza. La propiedad de Francia no la gobierna. Por supuesto, la propiedad quedó destruida y la libertad nacional no tiene existencia.” 

Las confiscaciones 
“Pero este acto de secuestro de la propiedad parece ser un juicio legal y no una confiscación. Parece que en las academias del Palais Royal y de los Jacobinos han descubierto que ciertos hombres no tenían derecho a las propiedades de que estaban en posesión por la ley, el uso y las decisiones judiciales, y la acumulada prescripción de mil años. Dicen que los eclesiásticos son personas ficticias, criaturas del Estado a quienes pueden destruir a su placer, y por supuesto limitad y modificar en cualquier punto particular; que los bienes que poseen no son propiamente suyos, sino que pertenecen al Estado creador de la ficción; y que por lo tanto no debemos preocuparnos con lo que puedan sufrir en sus sentimientos naturales y en sus personas físicas, con motivo de lo que se les hace en ese carácter ficticio.” 

“Los escritores, y especialmente cuando operan en corporación y en una sola dirección, ejercen gran influencia en el espíritu público; por lo tanto, la alianza de estos escritores con los grupos financieros contribuyó no poco a hacer desaparecer la animosidad y la envidia populares que rodeaban aquella especie de riquezas. Estos escritores, como los propagandistas de todas las novedades, fingían gran celo a favor de los pobres y de las clases bajas, mientras en sus sátiras volvían odiosos, con todos los medios de la exageración, los defectos de las cortes, de la nobleza y del clero. Se transformaron en una especie de demagogos. Sirvieron como un eslabón para unir, en pos de un solo objetivo, la odiosa riqueza con la pobreza impaciente y decidida a todo.” 

“Cuando producen su efecto natural todos los fraudes, impuestura, violencias, rapiñas, incendios, asesinatos, confiscaciones, emisiones de papel de curso forzoso, y todas las especies de tiranía y crueldad empleadas para procurar y sostener esta revolución, a saber, el efecto de chocar los sentimientos morales de los espíritus virtuosos y sobrios, los defensores de este sistema filosófico inmediatamente esfuerzan su garganta con declamaciones contra el antiguo sistema monárquico de Francia. Una vez que han ennegrecido lo suficiente aquel poder depuesto, prosiguen su argumentación como si todos quienes desaprueban sus nuevos abusos, debieran ser necesariamente partidarios de los antiguos; como si quienes reprueban sus crudos y violentos planes de libertad, debieran ser tratados como abogados de la servidumbre.” 

La democracia absoluta 

“No sé bajo qué denominación clasificar la autoridad que actualmente rige Francia. Pretende ser una democracia pura, aunque creo que va en camino directo a transformase a corto plazo en una innoble y perversa oligarquía.” 

“Si recuerdo correctamente, Aristóteles señala que una democracia tiene muchos notables puntos de semejanza con una tiranía. Estoy seguro, en cualquier caso, de que una democracia la mayoría de los ciudadanos es capaz de ejercer sobre la minoría más cruel opresión, cuando quiera que existan profundas divisiones en una política de esa especie, domo debe de ocurrir a menudo; y dicha opresión de la minoría se extenderá a un número mucho mayor, y será llevada adelante con mucha mayor furia de la que casi siempre se puede temer del cetro de una sola persona. Bajo semejante persecución popular, los individuos que sufren están en una situación mucho más deplorable que bajo cualquier otra.” 

La destrucción del antiguo régimen 
“… ¿Será entonces verdad que el gobierno francés era tal que no merecía o no era susceptible de reforma, de modo que era absolutamente necesario echar abajo de una vez toda su estructura, y limpiar el terreno para levantar un edificio teórico experimental en su lugar? Las instrucciones para los diputados a la reunión de los Estados Generales, de cada distrito del reino, estaban llenas de proyectos para la reforma de aquel gobierno, sin la más remota insinuación de un propósito de destruirlo. Si semejante propósito se hubiera siquiera insinuado, creo que no habría más que una voz para rechazarlo con desdén y horror. Los hombres fueron llevados, a veces gradualmente, a veces precipitadamente a cosas que, si las hubiesen visto en bloque, jamás habrían permitido que se los acercar a ellas en lo más mínimo.” 

La política es inseparable de la justicia 

“Pero, se argüirá, las confiscaciones en Francia no deben alarmar a las demás naciones. Dicen que no se llevaron a cabo por gratuita rapacidad; que es una gran medida de política nacional, adoptada para suprimir un mal extenso, inveterado y supersticioso. Sólo con la mayor dificultad puedo separar la política de la justicia. La justicia es en sí misma la gran política permanente de la sociedad civil; y cualquier notable desviación de ella, bajo cualesquiera circunstancias, queda bajo la sospecha de no ser de ninguna manera política.” 

La libertad que todo lo excusa 
“Los efectos de la incapacidad puesta en evidencia por los dirigentes populares en todos los terrenos fundamentales del Estado van a ser cubiertos en nombre de la libertad ‘que todo lo excusa’. Para alguna gente veo que hay gran libertad, en efecto. Para muchos, si no para los más, una opresiva y degradante servidumbre. ¿Pero qué es la libertad sin sabiduría y sin virtud? Es el mayor de todos los males posibles; porque es insensatez, vicio y locura, sin tutela ni restricción. Quienes saben lo que es la libertad virtuosa no pueden soportar verla deshonrada por cabezas incapaces, para tener palabras altisonantes en sus bocas.” 

No se justifica semejante Revolución 

“Pero, ¿soy tan poco razonable como para no ver nada en absoluto que merezca alabanza en los infatigables trabajos de esta Asamblea? No niego que entre infinito número de actos de violencia y de la locura, puede haberse hecho algo bien. Quienes todo los destruyen, indudablemente suprimirán algunas injusticias. Quienes todo lo hacen de nuevo, tienen una probabilidad de poder establecer algo benéfico. Para darles crédito por lo que han hecho en virtud de la autoridad que han usurpado, y poder excusarlos de los crímenes con que adquirieron dicha autoridad, debe probarse que las mismas cosas no podían haberse llevado a cabo sin producir semejante revolución. Es más seguro que sí podían porque casi cada una de las medidas tomadas por ellos que no fueran equívocas, estaba prevista en las concesiones del rey, hechas voluntariamente al reunirse los Estados Generales, o en las instrucciones coincidentes dadas a los estamentos. Algunos usos fueron abolidos por motivos justos; pero eran de tal especie que, si se hubieran conservado como estaban para toda la eternidad, habrían restado muy poco a la felicidad y la prosperidad de cualquier Estado. Las mejoras de la Asamblea Nacional son superficiales; sus errores, fundamentales.”
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