- 1. EL INTERcAMBIO SIMBOLICO Y LA MUERTE:
- EL CUERPO O EL OSARIO DE SIGNOS: Baudrillard
- El cuerpo marcado
- Toda la historia actual del cuerpo es la de su demarcación, de la red de marcas y de signos que lo cuadriculan, lo parcelan, lo niegan en su diferencia y ambivalencia radical para organizarlo en un material estructural de intercambio/signo, y resolver su virtualidad de juego y de intercambio simbólico en una sexualidad tomada como instancia determinante, instancia fálica. En este sentido el cuerpo es, bajo es signo de su “liberación”, considerado dentro de un proceso cuyo funcionamiento y estrategia son los mismos de la economía política.Moda, publicidad, nude-look, teatro desnudo, striptease, es de una variedad y monotonía absolutas.Las pulseras, collares, anillos, cinturones, joyas, cadenas; en todo lugar el escenario es el mismo: una marca que toma fuerza de signo y función erótica perversa, una línea de demarcación q simboliza la castración, que parodia la castración como articulación simbólica de la carencia, bajo la forma estructural de una barra q articula dos términos plenos. La barra juega como termino respectivo, es una zona del cuerpo,zona erótica, erotizada, erigida en significante fálico de una sexualidad convertida en puro y simple concepto, puro y simple significado.En ese esquema la castración esta significada (pasa al estado de signo). El desnudo y el no desnudo juegan en oposición estructural y contribuyen a la designación del fetiche. Lo mismo con el borde de lamedia sobre el muslo: el poder erótico de esa imagen proviene , no de proximidad del sexo real sino de qu el temor del sexo queda allí detenido con una puesta en escena de la castración. El cuerpo desnudo y metonímicamente convertido por esta censura en efigie fálica, objeto fetiche de contemplación ymanipulación. La erotización consiste en la erectilidad de un fragmento del cuerpo sellado por la barra, en esafantasmatizacion fálica de todo lo q esta mas alla de la barra en posición de significante, y en reducción simultanea de la sexualidad al rango de significado (valor representado).Se lee hasta el menor detalle, la pulsera que ciñe el brazo o tobillo, el cinturón, collar, sortija, instauran al pie,la cintura o al dedo como eréctiles. No hay ninguna necesidad de rasgo o singo visible: despojado designos es una castración representada y des-representada, como actua la eroticidad del cuerpo entero e nla desnudez.Que el pie, el dedo, nariz o cualquier parte puedan jugar como metáfora del pene, no es en virtud de su forma emergente, no tiene valor fálico mas q sobre la base de ese corte fantasmatico q los erige, todo se vuelve en la equivalencia fálica.La boca pintada es fálica (pintura y maquillaje forman parte importante del arsenal de valoración estructural del cuerpo). Una boca maquillada ya no habla, no tiene como función hablar, ni comer, ni besar.Mas alla de esas funciones de intercambio se instala la función erotica y cultural perversa, la boca fascinante como signo artificial, trabajo cultural, juego y regla del juego. La boca maquillada, objetiva da como joya, cuyo valor erotico no proviene en absoluto de su subrayado como orificio erógeno, sino la pintura constituye en cierto modo el rasgo fálico, la marca q la instaura en valor de intercambio fálico.El deseo es cuando se funda en la perdida, en el abrirse del uno al otro, se vuelve negociable, en términosde signos y valores fálicos son intercambiados, catalogados en una equivalencia fálica general.
- 2. Lo mismo sucede con la mirada. Lo que realiza el mecho sobre el ojo es la denegación de la mirada como dimensión perpetua de la castración, al mismo tiempo que ofrenda amorosa. Ojos metamorfoseados por el maquillaje, es la reducción estatica de esa amenaza, de la mirada del otro donde el sujeto puede verse en su propia carencia. Esos ojos sometidos al trabajo del signo, tienen la redundancia del signo: se exaltancion su propia fascinación y su seducción proviene de ese onanismo perverso.El objeto mas vello es el cuerpo de la mujer. El cuerpo desvelado de la mujer, en las mil variantes del erotismo es la emergencia del falo, del objeto fetiche, es un gigantesco trabajo de simulación fálica, a la vez que el espectáculo de la castración.El privilegio erótico del cuerpo femenino juega tanto para las mujeres como p hombres. Una misma estructura perversa juega para todos: centrada en la denegación de la castración juega con el cuerpo femenino como con la inminencia de la castración. La progresión lógica del sistema lleva a un recrudecimiento erótico del cuerpo femenino, porque este, privado de pene, es el que mejor se prensa a la equivalencia general fálica. Si el cuerpo masculino no permite el mismo rendimiento erótico es porque no permite ni el llamando fascinante de la castración, ni de superación continua. No puede realmente volverse jamás objeto liso, cerrado, perfecto. Es menos disponible para la demarcación,La erectilidad puede ser transferida bajo control a todo el abanico de objetos y del cuerpo femenino.Habria q ver como interviene, en este privilegio erótico de la mujer, la sujeción histórica y social, tratando de ver si interviene respecto a toda discriminación política, el mismo proceso de desconocimiento que respecto a la diferencia de los sexos en el fetichismo; lo cual resulta en una fetichizacion de la clase o delgrupo dominado. Todo el material significante del orden erotico no esta hecho mas q de la panoplia de los esclavos (cadenas, collares, látigos), de los salvajes (negritud, desnudez, tatuajes). Lo mismos con el cuerpo de la mujer, anexado a un orden fálico cuya expresión política la condena a la inexistencia.La desnudez segundaCualquier cuerpo o parte del cuerpo puede intervenir funcionalmente de la misma forma, siempre q sea sometido a la misma disciplina erótica: se necesita toda diferencia erógena habiendo sido conjurada por la barra estructural q designa a ese cuerpo, barra visible en el vestido, la joya, el maquillaje, invisible en la desnudez total, pero siempre presente, puesto q envuelve al cuerpo como una segunda piel.Es característica la omnipresencia en el discurso publicitario del “casi desnuda”, del “desnuda sin estarlo,como si usted lo estuviera”, los pantalones ceñidos en los que “usted esta mas desnuda que al natural”:todo esto para reconciliar el ideal naturalista de vivir su cuerpo “en directo”, con el imperativo comercial dela plus-valía.La verdadera desnudez encuentra aquí su definición como desnudez segunda: es la del vestido ceñido X oY, del velo transparente, esta desnudez esta resaltada por el espejo; es en la repetición como la mujer fija“el cuerpo con el q sueña: el suyo”. El mito publicitario tiene aquí razón: no hay otra desnudez que la que se repite en los signos, la q se envuelve en su verdad significada y q restituye la regla fundamental del cuerp oen materia erotica, la de volverse la sustancia diáfana, lisa, depilada, de un cuerpo glorioso y asexuado.Ej perfecto el film de Golgfinger (James Bond): Todos los orificios tapados, es el maquillaje radical, q hace de su cuerpo un falo impecable (q sea de oro subraya la homología con la economía política), y que desde luego equivale a la muerte. La play girl desnuda, morirá de haber encarnado, hasta el extremo, el fantasma de lo erotico. Pero lo mismo sucede con toda piel en la estética funcional, en la cultura de masas
- 3. del cuerpo. Prendas ceñidas, fajas, guantes, vestidos y ropa “cerca del cuerpo “, sin contar el bronceado:es siempre el leitmovit de la “segunda piel”, es siempre la película transparente quevitrificara el cuerpo.La piel misma no se define como “desnudez”, sino como zona erógena: medio sensual de contacto y de intercambio. Esa piel porosa, agujereada, donde el cuerpo no se acaba y q solo la metafísica establece como línea de demarcación del cuerpo, es negada en provecho de una segunda piel no porosa, sin exudación ni excreción, ni caliente ni fría, sin granos ni asperezas, sin espesor, sin orificio. Todas esas cualidades (frescura, suavidad, transparencia), son de clausura; grado cero resultante de la denegación delos extremos ambivalentes.Esta vitrificación de la desnudez esta emparentada con la función obsesiva del revestimiento protector de esos objetos: impermeabilizados, plastificados, etc, y con el trabajo de cepillado, de limpieza que tiende avolverlo a poner permanentemente en estado de pulcritud, de abstracción impecable.Desnudez “diseñada”, no subentiende nada detrás de la red de signos q teje, sobre todo, no u cuerpo: niun cuerpo de trabajo, ni de placer, ni erógeno, ni desgarrado; sobrepasa todo eso en un simulacro decuerpo pacificado.Utopía de la desnudez, del cuerpo presente en su verdad: es todo lo mas la ideología del cuerpo la que puede ser representada. El indio decía: “El cuerpo desnudo es una mascara inexpresiva que oculta lav erdadera naturaleza de cada uno”, quería decir q el cuerpo no tiene sentido sino marcado, revestido de inscripciones.Su desnudez misma se vuelve entonces contra el y lo aureola de una censura aérea e ineluctable: la segunda piel. La piel, se repite en la significación: siempre es ya la segunda piel. no es la ultima, pero es siempre la única.En esta redundancia de la desnudez-signo, que trabaja para restituir el cuerpo como fantasma de totalización, reencontramos la especulación infinita del sujeto de la conciencia a través de su imagen en elespejo, captando y resolviendo formalmente en la duplicación la división irreductible del sujeto.Clausura del espejo, duplicación fálica de la marca: en ambos casos el sujeto se seduce a si mismo.Seduce a su propio deseo y lo conjura en su propio cuerpo duplicado por los signos. Detrás del intercambio de signos, detrás del trabajo del código, el sujeto puede esquivarse y recuperarse: esquivar el deseo del otro (su propia carencia) y verse sin ser visto.Es importante distinguir entre el trabajo de inscripción y de marca a nivel del cuerpo en las sociedades“primitivas” y en nuestro sistema contemporáneo. Fácilmente se lo confunde en la categoría general de expresión simbólica del cuerpo, como si existiera un mismo modo de significación desde la noche de los tiempos hasta la espera de la economía política.A la inversa de los nuestros, en los q los signos se intercambian bajo el régimen de un equivalente general, el marcado del cuerpo, tiene por función la actualización inmediata del intercambio simbólico, del intercambio con los dioses o dentro del grupo; intercambio q no es negociación por parte del sujeto de su identidad, tras la manipulación de los signos, sino en el q el consume su identidad, se pone en juego como sujeto en la posecion/desposecion; el cuerpo entero se convierte en material de intercambio simbólico.Cuando el indio dice: “en mi, todo rostro”, para responder a la interrogación del blanco sobre la desnudez de su cuerpo, dice con eso q todo el cuerpo esta en el entregado al intercambio simbólico, mientras que en nosotros tiende a reducirse únicamente al rostro y a la mirada. Para el indio, los cuerpos se miran y se
- 4. intercambian todos sus signos, q se consumen en una relación incesante. Para nosotros, el cuerpo se encierra en sus signos, se valoriza mediante un calculo de signos q intercambia bajo la ley de la equivalencia y de la reproducción del sujeto. Es el y no el salvaje, el q esta en pleno fetichismo: a través del hacer valer su cuerpo, es el quien esta fetichizado por la ley del valor.El strip-teaseNo se strip ni se tease…, se hace parodia. Soy un mistificador: damos la impresión de mostrar la verdad desnuda, la mistificación no podría llegar mas lejos, Es lo contrario de la vida. Porque cuando ella esta desnuda, esta mucho mas ataviada q vestida.Strip-tease de sueño: La mujer del espacio cuanto mas lentamente se mueve una mujer, mas erotica resulta.La desnudez de las playas no tiene nada q ver con la desnudez de la escena. En escena, ellas son diosas,son intocables..La ola de desnudez, en el teatro y en otras partes, es superficial, se limita a un acto mental.En otras partes presenta la realidad: aquí sugiero sino lo imposible. La realidad del sexo q se despliega entodas partes disminuye la subjetividad del erotismo.El strip-tease es una danza: su secreto es la celebración auto-erotica por una mujer de su propio cuerpo, que se vuelve deseable en esa misma medida. Es esa lentitud la q indica q los gestos de q se rodea la mujerson los del otro. Sus gestos tejen alrededor de ella el fantasma del compañero sexual. Pero al mismo tiempo, ese otro queda excluido, puesto q ella lo sustituye y se apropia de sus gestos según un trabajo de condensación. Todo el secreto erotico del strip-tease esta en esta evocación y revocación del otro,mediante gestos cuya lentitud es poetica, Solo es bueno el strip q refleja el cuerpo en ese espejo de gestos; el gestual es el equivalente moviente de esa manopla de signos, de marcas q actúan asimismo en la puesta en escena eréctil del cuerpo a todos los niveles de la moda, del maquillaje y de la publicidad. El mal strip es el del desvestirse puro y simple, que no hace sino restituir la desnudez, omite esa hipnosis del cuerpo, para entregarlo a la con cupiscenciadiscreta del publico. No es q el mal strip no sepa captar el deseo de la sala; al contrario, sino q la mujer noha sabido recrear para si misma su cuerpo como objeto encantado.El mal strip es el q esta acechado por la desnudez, o por la inmovilidad ( o ausencia de ritmo, la brusquedad del gesto): no hay entonces en escena mas q una mujer y un cuerpo “obscenos”. La strip-teasera es una diosa y la prohibición lanzada sobre ella, la q ella traza a su alrededor, no significa q no sele puede tomar nada, sino q no se le puede dar nada, porque ella se da todo a si misma. Cada prenda q caeno acerca al desnudo, a la verdad desnuda del sexo, al caer designa como falo q desnuda; devela a otra, yel mismo juego se profundiza a medida q el cuerpo emerge cada vez mas como efigie fálica, al ritmo delstrip. No es un juego de despojar de signos hacia una profundidad sexual, es un juego ascendente deconstrucción de signos; cada marca adquiere fuera erotica por su trabajo de signo, es decir, por el vuelco qopera de lo q no ha sido jamás (la perdida y la castración) a lo q designa en su lugar: el falo. Es por esto qel strip-tease es lento: porq es discurso, construcción de signos, elaboración minuciosa de un sentido diferido.La fijeza de la mirada es un elemento esencial de la buena stripteasera. La mirada fija q solo sirviera para señalar la prohibición, situaría al strip en una especie de porno drama represivo. El buen strip no es eso,ese dominio de la mirada no es frialdad, es a condición de redefinir el cool como una cualidad muy
- 5. especial de toda la cultura actual de los media y del cuerpo, y q no es del orden de lo calido y lo frio. Esa mirada es la mirada neutralizada de la fascinación auto-erotica, la de la mujer/objeto que se mira y cierra los ojos sobre si misma, es el colmo de la perfeccion y de la perversión.El cuerpo ideal q este estatuto dibuja es el de la maniquí, q ofrece el modelo de toda esta instrumentación fálica del cuerpo. Es su propio cuerpo lo que la mujer rodea de una manipulación sofisticada, hace de el el paradigma de la seducción. Aquí radica en ese proceso perverso q nace de ella y de su cuerpo sacralizado un falo viviente, la verdadera castración de la mujer.Estar castrado es estar cubierto de sustitutos fálicos. La mujer esta cubierta de ellos, esta intimada a hacerde su cuerpo un falo. Y si las mujeres no son fetichistas es porque realizan ese trabajo de fetichizacion continua sobre si mismas, se vuelven muñeca. Este juego de tapas y destapar es lo q constituye su valor simbolico para la infancia, y en este juego a la inversa es q regresa toda la relación objetual y simbólica,cuando la mujer se hace muñeca, se vuelve su propio fetiche y el fetiche del otro.La fascinación del strip-tease como espectáculo de la castración provendría de la inminencia de descubrir,de buscar por todos los medios no descubrir q no hay nada.El propio cuerpo de la mujer, fetichizado, intercepta ese punto de ausencia de donde resucita, intercepta ese vértigo con toda su presencia erotica; “signo de un triunfo sobre la amenaza de castración, y protección contra esta amenaza.En lugar de un reconocimiento de la castración, erigimos toda clase de coartadas fálicas, luego tratamos de descartar una a una para descubrir la verad q es siempre la castración, pero q resulta la castración negada.El narcisismo dirigido Todo esto conduce a replantear la cuestión del narcisismo en términos de control social. Freud evoca lo qhemos dicho: “se establece un estado en el que la mujer se bsta a si misma, lo q la resarce es la libertadde elección de objeto q le rehusa la sociedad. Tales mujeres no se aman, tan intensamente como elhombre las ama. Su necesidad las inclina a ser amadas y les gusta el hombre q cumple esas condiciones.Tales mujeres ejercen el mayor encanto sobre los hombres”.En el sistema erotico actual se trataría del desplazamiento de “ese narcicismos del cual gozaba en lainfancia el Ego real sobre el Ego ideal”, mas exactamente de la proyección de la perfeccion narcisista de lainfancia. Esta gratificación q la mujer se da de su cuerpo refleja efectivamente una disciplina feroz.Este narcisismo esta situado bajo el signo del valor. Es un narcisismo dirigido , una exaltación dirigida yfuncional de la belleza en cuento hacer- valer y en cuanto intercambio de signos.Toda la moda y publicidad trazan de este modo el mapa de lo tierno autoerotico y su exploración dirigida:ustedes son responsables de su cuerpo y deben valorizarlo, deben utilizarlo según el orden de signosmeditados y mediados por los modelos de masas. Una extraña estrategia tiene lugar aquí: hay desviacióny transferencia de la utilización del cuerpo y de las zonas erógenas a la puesta en escena del cuerpo y dela erogenidad. La seducción narcisista se asocia a partes del cuerpo objetivadas por una técnica, porobjetos, por gestos, por un juego de marcas y signos. Ese neo-narcisismo va unido a la manipulación delcuerpo como valor. Es una economía dirigida del cuerpo, fundada sobre un esquema de reapropiación delcuerpo según los modelos directivos y bajo control del sentido, de transferencia de la realización del deseo
- 6. al código. Todo esto instaura como un narcisismo de síntesis q habría q distinguir de las dos formasclásicas del narcisismo: 1. Primaria: fusional. 2. Secundaria: utilización del cuerpo como diferente, Ego-espejo, integración del Ego mediante el reconocimiento especular y mediante la mirada del otro. 3. Terciaria: “de síntesis”. Reescritura del cuerpo clasificado según los modelos colectivos funcionales. Es el cuerpo homogeneizado como lugar de producción industrial de signos y de diferencias, movilizado bajo el signo de la seducción programática.El cuerpo como adicion de objetos parciales cuyo objeto es el usted del consumo.El cuerpo convertido en sistema total de signos ordenado por los modelos, bajo el equivalente general delculto fálico, como el capital se convierte en sistema total del valor de cambio, bajo el equivalente generaldel dinero.La manipulación incestuosaEl cuerpo “liberado” es un cuerpo en el q la ley y la prohibición q antes censuraban el sexo y el cuerpodesde el exterior, se han interiorizado como variable narcisista.La fase actual de la sexualidad genital corresponde a una mutacion: - Ya no es violenta: es una represión pacificada. - Ya no apunta fundamentalmente a la sexualidad genital, en adelante oficializada en las costumbres. Lo que se tiene en mira en este estadio mas sutil y radical de represión y control, es el nivel de lo simbolico mismo.La represión, superando la sexuacion secundaria (genitalidad y modelo social bisexual), alcanza lasexuacion primaria (diferencia erógena y ambivalencia, relación del sujeto con su propia carencia), ya nose ejerce en nombre del Padre, sino en nombre de la Madre.Hemos visto q la erotización y manipulación fálica del cuerpo se caracterizan como fetichizacion: elperverso fetichista se define por el hecho de no haber salido nunca del deseo de la madre q ha hecho deel el sustituto de lo q le faltaba. Se ha creado una situación incestuosa: el sujeto ya no se divide (norenuncia a su identidad fálica), y ya no comparte. La identificación con el falo de la madre le defineplenamente.Asi sucede con el cuerpo hoy, por regla general: si la ley del Padre, la moral puritana queda desbaratada,es según una economía caracterizada por la destructuracion de lo simbolico y la supresión del incesto.Todos vivimos a todos los niveles esta forma sutil de represión y enajenación.Modelos del cuerpo 1. Para la medicina, el cuerpo de referencia es el cadáver. Es el limite ideal del cuerpo en su relación con el sistema de la medicina. 2. Para la religión, la referencia ideal del cuerpo es el animal. El cuerpo como osario, y el resucitado mas alla de la muerte como metáfora carnal. 3. Para el sistema de la economía política, el ideal tipo del cuerpo es el robot. Modelo logrado de la liberación funcional del cuerpo como fuerza de trabajo, es extrapolación de la productividad racional absoluta, asexuada.
- 7. 4. Para el sistema de la economía política del signo, la referencia modelo del cuerpo es el maniquí. Contemporaneo del robot, representa un cuerpo totalmente funcionalizado bajo la ley del valor, pero esta vez como lugar de producción de valor/signo. Lo que se produce ya no es fuerza de trabajo, son modelos de significación; la sexualidad misma como modelo.Cada sistema revela, detrás de la idealidad de sus fines, el fantasma reductor en el q se articula la visióndelirante del cuerpo q establece su estrategia.Para el cuerpo en cuento material de intercambio simbolico, no hay modelo, ni código, ni ideal tipo, nifantasma director, puesto q en ella no podría haber sistema del cuerpo como anti-objeto.Phallus Exchange standardA partir de la revolución industrial, una misma gran mutacion cubre a los bienes materiales, el lenguaje y lasexualidad (el cuerpo), de acuerdo con un proceso q señala la generalización progresiva de la economíapolítica, o tb el ahondamiento de la ley del valor. 1. Los productos de vuelven mercancías: valor de uso y valor de cambio. 2. El lenguaje se vuelve medio de comunicación, campo de significación. El lenguaje como medio tiene como fin expresar: el orden de los significados, y en euna forma estructural q regula el intercambio de los significantes: el código de la lengua.El paso a la finalidad funcional, la asignación racional a un contenido objetivo (valor de uso osignificado/referente) sella la asignación a una forma estructural q es la forma misma de la economíapolítica. En el marco neo-capitalista, esta forma se sistematiza: significados y valores de uso desaparecenprogresivamente en beneficio exclusivo del funcionamiento del código y del valor de cambio. Al termino deeste proceso los dos sectores de la producción y la significación convergen. Productos y mercancías seproducen como signos y mensajes y se regulan sobre la configuración abstracta del lenguaje:transportando contenidos, valores, finalidades, sus significados.El cuerpo y la sexualidad se pueden analizar en todos los términos precedentes: valor de uso/valor decambio, significado/significante. 1. Podemos mostrar como la sexualidad desemboca, en su modo de liberación actual, en valor de uso y en valor de cambio. La sexualidad de independiza como función: de aquella, colectiva, de reproducción de la especia, pasa a aquellas individuales, de equilibrio fisiológico, de equilibrio mental, de expresión de la subjetividad, de emancipación del inconsciente, de ética del placer sexual. La sexualidad se vuelve un elemento de la economía del sujeto, se vuelve una finalidad objetiva del sujeto y obedece a un orden de finalidades. 2. La sexualidad toma forma estructural. Ingresa en las grandes oposiciones (masculino/femenino), cuya disyunción la cierne, cristalizando en el ejercicio de tal modelo sexual testimoniado por tal órgano sexual, y cerrando el juego de los significantes del cuerpo. 3. La estructura masculino/femenino se confunde con el privilegio otorgando ala función genital (reproductora o erotica). Este privilegio de genitalidad, repercute en la estructura de un orden social de dominación masculina. 4. La emergencia del falo como equivalente general de la sexualidad, la emergencia de la sexualidad como equivalente general de las virtualidades simbolicas de intercambio; todo ello define la
- 8. emergencia de una economía política del cuerpo que se instaura sobre las ruinas de su economía simbolica.5. Promocion de la sexualidad como función, promoción de la sexualidad como discurso estructural. El sujeto se encuentra remitido a la norma fundamental de la economía política: se piensa y se conoce sexualmente en términos de equilibrio y de coherencia.Al igual que los objetos designados obedecen a un imperativo de despojo, reflejando una economía ascética de calculo de función. Al igual q el signo en general tiende a despejarse para traducir la adecuación del significante y del significado, q es su ley y su principio de realidad, así el cuerpo tomado por la economía política, tiende tb a la desnudez formal como a su imperativo absoluto. Esta desnudez,en la q se resume todo el trabajo de inscripción de marcas, de moda, de maquillaje, al mismo tiempo que toda perspectiva idealista de liberación, nada tiene de un descubrimiento o de redescubrimiento del cuerpo: traduce la metamorfosis lógica del cuerpo en el proceso histórico de nuestras sociedades.Al igual q el despojo de los objetos caracteriza su asignación a una función, es decir su neutralización por la función; asi la desnudez del cuerpo define su asignación la función/sexo, la neutralización reciproca del cuerpo y del sexo.Demagogia del cuerpoEl cuerpo y el sexo asumen todas esas esperanzas porque rechazados bajo cualquier orden q hayan revestido nuestras sociedades históricas, se han convertido en metáforas de la negatividad radical. Demetáfora, se los quiere hacer pasar al estado de hecho revolucionario.Al cuerpo como lugar de los procesos primarios , se opone en el sistema actual el cuerpo como proceso secundario: valor de eso y valor de cambio erotico, racionalización bajo el signo de valor. Al cuerpo impulsivo, obsesionado por el deseo, se opone el cuerpo demiurgizado, estructuralizado,teatralizado en la desnudez, funcionalizado por la sexualidad operacional.Este cuerpo secundario, el de la emancipación sexual y de la de sublimacion represiva, es el que estasituado bajo el signo de Eros solamente. Hay una confusión del sexo y del exclusivo principio de Eros;una neutralización del uno por el otro, con exinscripcion del impulso de muerte. El principio de placerse establece como razón de una subjetividad liberada, de una nueva economía política del sujeto. Eros redefine la razón en sus propios términos: es razonable lo q protege al orden de la satisfacción.El cuerpo colocado bajo el signo de Eros, representa una fase mas avanzada de la económica política.En vez de q la desnudez sea escindida por el deseo, juega como equivalencia y puesta en escena del deseo. En vez de q el cuerpo sea escindido por el sexo, juega como significante y equivalente del sexo. Asi, en todas partes, la desnudez, el cuerpo, el sexo, el inconsciente, etc, en lugar de abrir a ladiferencia profundizada, se encadenan como equivalentes representativos unos de otros, semetonimizan y constelan para definir una lógica discursiva de la sexualidad, un discurso del sexo como valor. Apólogo La sexuacion es la partición que atraviesa a cada sujeto. El sexo, es su acepción radical, no podría llegar al estadio de la cifra entera, ni al estatuto contable: es una diferencia, y los dos bordes de la diferencia,que no son términos, no podrían sumarse ni formar parte de una serie. No pueden ser considerados como unidades.
- 9. Este dialogo es lógico en el marco del modelo bisexual impuesto (masculino/femenino), puesto q esteplantea el sexo, de entrada, como dos términos estructuralmente opuestos.La ambivalencia del sexo queda reducida por la bivalencia ( de los dos polos y roles sexuales).Actualmente en q esta bivalencia par por las metamorfosis de la revolución sexual, y se esfuman lasdiferencias entre masculino y femenino, la ambivalencia del sexo queda reducida por la ambigüedaddel unisexo.El carnicero de Chuang-Tsu(ej del carnicero: modulo pag 55)Ejemplo perfecto del análisis y de su prodigiosa operacionalidad cuando supera la visión plena,sustancial, opaca del objeto (“al principio solo veía la vaca”…), la visión anatomica del cuerpo comoedificio pleno, dispuesto para el corte, unificado por la representación exterior, y sobre la cual trabaja elcarnicero ordinario, q no hace sino partir por la fuerza, para llegar al reconocimiento de la articulacióndel vacio, de la estructura de vacio donde el cuerpo se articula (“ no me dedico sino a losintersticios”…). El cuchillo del carnicero no es lo pleno q traspasa lo pleno, el mismo es vacio. Elcuchillo q opera de este modo en el discurrir del espíritu analítico, no trabaja sobre el espacio q llena lavaca, sino de a cuerdo con la organización lógica interna del ritmo de los intervalos. Se funda unaeconomía simbólica q es la de una estructura de intercambio: el cuchillo y el cuerpo se intercambian, elcuchillo articula la carencia de ese cuerpo y por eso desconstruye según su ritmo.Este cuchillo es tb la letra de Leclaire, q divide orogénicamente tal lugar del cuerpo según la lógica del deseo.

Ibrahim siempre te seguiré
No hay nada mas dificil que no engañarse a uno mismo.
Datos personales
IX. NATURALEZA
Y NECESIDAD DE LAS REVOLUCIONES
CIENTÍFICAS
estas observaciones nos permiten finalmente considerar los problemas que dan título a este ensayo. ¿Qué son las revoluciones científicas y cuál es su función en el desarrollo científico? Gran parte de la respuesta a esas preguntas ha sido anticipada ya en secciones previas. En particular, la discusión anterior ha indicado que
las revoluciones científicas se
consideran aquí como aquellos
episodios de desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado, completamente o en parte, por otro nuevo e incompatible. Sin embargo, hay mucho más que decir al respecto y podemos presentar una parte de ello mediante
una pregunta más. ¿Por qué debe llamarse
revolución a un cambio de paradigma? Frente
a las diferencias tan grandes y esenciales entre el desarrollo político y el científico, ¿qué paralelismo puede
justificar la metáfora que encuentra
revoluciones en ambos?
Uno de los aspectos del
paralelismo debe ser ya
evidente. Las revoluciones políticas se inician por medio de un sentimiento,
cada vez mayor, restringido
frecuentemente a una fracción de la comunidad
política, de que las instituciones existentes han cesado de satisfacer adecuadamente los problemas planteados por el medio
ambiente que han contribuido en
parte a crear. De manera
muy similar, las revoluciones científicas se inician con un sentimiento creciente, también a menudo restringido a una estrecha subdivisión de la comunidad científica, de que un
paradigma existente ha dejado de funcionar
adecuadamente en la exploración de un
aspecto de la naturaleza hacia el cual, el mismo paradigma había previamente mostrado el camino. Tanto en el desarrollo
político como en el científico, el sentimiento de mal funcionamiento que puede conducir a la crisis
es un requisito previo para la revolución. Además, aunque ello claramente fuerza la metáfora, este paralelismo es no sólo válido para
los principales cambios de
paradigmas, como los atri-buibles
a Copérnico o a Lavoisier, sino también para los mucho rnás pequeños,
asociados a la asimilación de un tipo nuevo de fenómeno, como el oxígeno o los rayos X. Las
revoluciones científicas, como hicimos
notar al final de la Sección V, sólo necesitan parecerles revolucionarias a aquellos cuyos paradigmas sean afectados por
ellas. Para los observadores exteriores pueden parecer, como las revoluciones balcánicas de comienzos del siglo xx,
partes normales del proceso de
desarrollo. Los astrónomos, por ejemplo, podían aceptar los rayos X
como una adición simple al conocimiento, debido a que sus paradigmas no fueron afectados por la existencia de la nueva
radiación. Pero, para hombres
como Kelvin, Cro-okes y Roentgen, cuyas investigaciones trataban de la teoría de la radiación o de los tubos de rayos catódicos, la aparición de los rayos X violó,
necesariamente, un paradigma, creando otro. Es por eso por lo que dichos rayos pudieren ser
descubiertos sólo debido a que había algo que no iba
bien en la investigación normal.
Este aspecto genético del
paralelo entre el desarrollo político y el científico no debería ya dejar lugar a dudas. Sin embargo, dicho paralelo tiene un segundo aspecto,
más profundo, del que depende la
importancia del primero. Las revoluciones
políticas tienden a cambiar las instituciones políticas en modos que esas mismas instituciones prohiben. Por consiguiente, su éxito exige el abandono parcial de un conjunto de
instituciones en favor de otro y, mientras tanto, la sociedad no es gobernada
completamente por ninguna institución.
Inicialmente, es la crisis sola la que atenúa el papel de las instituciones políticas, del mismo modo, como hemos visto ya, que atenúa el papel desempeñado por los paradigmas. En números crecientes, los individuos se alejan
cada vez más de la vida política y
se comportan de manera cada vez más
excéntrica en su interior. Luego,
al hacerse más profunda la crisis, muchos de esos individuos se comprometen con
alguna proposición concreta para
la reconstrucción de la
sociedad en una nueva estructura institucional. En este punto, la sociedad se divide en campos o partidos enfrentados, uno de los cuales trata de defender el cuadro de instituciones
antiguas, mientras que los otros se
esfuerzan en establecer otras nuevas. Y,
una vez que ha tenido lugar esta polarización, el recurso político fracasa. Debido a que tienen diferencias con respecto a la matriz institucional dentro de la que debe tener lugar y evaluarse el cambio político, debido
a que no reconocen ninguna estructura suprains-titucional para dirimir las diferencias
revolucionarías, las partes de un conflicto revolucionario deben recurrir, finalmente, a las técnicas de
persuasión de las masas, incluyendo frecuentemente el empleo de la fuerza. Aunque las revoluciones
tienen una función vital en la evolución de las instituciones políticas, esa función depende
de que sean sucesos parcialmente
extrapolíticos o extrainstitucionales.
El resto de este ensayo está dedicado a demostrar que el estudio histórico del cambio de
paradigma revela características muy
similares en la evolución de las
ciencias. Como la elección entre instituciones
políticas que compiten entre sí, la elección entre paradigmas en competencia
resulta una elección entre modos
incompatibles de vida de la
comunidad. Debido a que tiene ese carácter, la elección no está y no puede estar determinada sólo por los procedimientos de
evaluación característicos de la
ciencia normal, pues éstos dependen
en parte de un paradigma particular, y dicho paradigma es discutido. Cuando los paradigmas entran, como deben, en un debate sobre la elección de un paradigma, su función es
necesariamente circular. Para argüir en la defensa de ese paradigma cada grupo utiliza su propio paradigma.
Por supuesto, la circularidad resultante no
hace que los argumentos sean erróneos, ni siquiera inefectivos.
El hombre que establece como premisa un
paradigma, mientras arguye en su defensa
puede, no obstante, proporcionar una muestra clara de lo que será la
práctica científica para quienes adopten la
nueva visión de la naturaleza. Esa
muestra puede ser inmensamente persuasiva y, con frecuencia, incluso
apremiante. Sin embargo, sea cual
fuere su fuerza, el status del argumento circular es sólo el de la persuasión. No puede hacerse apremiante, lógica ni probablemente,
para quienes rehusan entrar en el círculo. Las
premisas y valores compartidos por las dos partes de un debate sobre paradigmas
no son suficientemente amplios para
ello. Como en las revoluciones
políticas sucede en la elección de un
paradigma: no hay ninguna norma más elevada que la aceptación de la comunidad
pertinente. Para descubrir cómo se
llevan a cabo las revoluciones científicas, tendremos, por consiguiente, que examinar no sólo el efecto de la naturaleza
y la lógica, sino también las técnicas de argumentación persuasiva, efectivas dentro de los grupos muy especiales que constituyen la comunidad de científicos.
Para descubrir por qué la cuestión de la elección de paradigma no puede resolverse nunca de manera inequívoca sólo mediante la lógica y la
experimentación, debemos
examinar brevemente la
naturaleza de las diferencias que separan a los partidarios de un paradigma
tradicional de sus sucesores
revolucionarios. Este examen es el objeto principal de esta sección y de la siguiente. Sin embargo, hemos señalado ya numerosos ejemplos de tales diferencias, y nadie pondrá en
duda que la historia puede
proporcionar muchos otros. De lo
que hay mayores probabilidades de poner en duda que de su existencia —y que, por consiguiente, deberá tomarse primeramente en consideración—, es de que tales ejemplos
proporcionan información esencial
sobre la naturaleza de la ciencia.
Dando por sentado que el rechazo del paradigma ha sido un hecho histórico, ¿ilumina algo más que la credulidad y la confusión humanas?
¿Hay razones intrínsecas por las cuales la asimilación de un nuevo tipo de fenómeno o de una nueva teoría científica deba exigir el
rechazo de un paradigma más
antiguo?
Nótese, primeramente, que si existen esas razones, no se derivan de la estructura lógica
del conocimiento científico. En principio, podría surgir un nuevo fenómeno sin reflejarse de manera
destructiva sobre parte alguna
de la práctica científica
pasada. Aunque el descubrimiento de vida en la Luna destruiría paradigmas hoy existentes (que nos indican cosas sobre la Luna que parecen incompatibles con la existencia de vida en
el satélite), el descubrimiento de
vida en algún lugar menos conocido de la
galaxia no lo haría. Por la
misma razón, una teoría nueva no tiene por qué entrar en conflictos con cualquiera de sus predecesores. Puede tratar exclusivamente de fenómenos
no conocidos previamente, como es el caso de la teoría cuántica que trata (de manera significativa, no exclusiva) de fenómenos
subatómicos desconocidos antes
del siglo xx. O también, la
nueva teoría podría ser simplemente de un nivel más elevado que las conocidas hasta ahora,
agrupando todo un grupo de teorías de nivel más bajo sin modificar
sustancialmente a ninguna de ellas.
Hoy en día, la teoría de la conservación de la energía proporciona exactamente ese enlace entre la dinámica, la química, la
electricidad, la óptica, la teoría térmica, etc. Pueden concebirse todavía
otras relaciones compatibles entre las
teorías antiguas y las nuevas. Todas y cada una de ellas podrían ilustrarse por medio del proceso
histórico a través del que se ha desarrollado la ciencia. Si lo fueran, el desarrollo científico sería genuinamente acumulativo. Los nuevos
tipos de fenómenos mostrarían
sólo el orden en un aspecto
de la naturaleza en donde no se hubiera observado antes. En la evolución de la ciencia, los conocimientos nuevos reemplazarían a la
ignorancia, en lugar de reemplazar a
otros conocimientos de tipo distinto
e incompatible.
Por supuesto, la ciencia (o alguna otra empresa, quizá menos efectiva) podría haberse
desarrollado en esa forma
totalmente acumulativa. Mucha
gente ha creído que eso es lo que ha sucedido y muchos parecen suponer todavía
que la acumulación es, al menos, el ideal que mostraría el
desarrollo histórico si no hubiera sido distorsionado tan a menudo por la
idiosincrasia humana. Hay
razones importantes para esta creencia. En la Sección X
descubriremos lo estrechamente
que se confunde la visión de la
ciencia como acumulación con una
epistemología predominante que considera que el conocimiento es una construcción hecha por la mente directamente
sobre datos sensoriales no
elaborados. Y en la Sección XI examinaremos
el fuerte apoyo proporcionado al mismo esquema historiográfico por las técnicas de pedagogía efectiva de la ciencia.
Sin embargo, a pesar de la enorme
plausibilidad de esta imagen ideal, hay
cada vez más razones para preguntarse
si es posible que sea una imagen de la
ciencia. Después del período anterior
al paradigma, la asimilación de todas las nuevas
teorías y de casi todos los tipos nuevos
de fenómenos ha exigido, en realidad, la destrucción de un paradigma anterior y un conflicto consiguiente entre
escuelas competitivas de pensamiento científico. La adquisición acumulativa de novedades no previstas resulta una excepción casi inexistente a la
regla del desarrollo científico. El
hombre que tome en serio los hechos
históricos deberá sospechar que la
ciencia no tiende al ideal que ha forjado
nuestra imagen de su acumulación. Quizá sea otro tipo de empresa.
Sin embargo, si los hechos que se oponen pueden llevarnos tan lejos, una segunda mirada al terreno que ya hemos recorrido puede sugerir que la adquisición acumulativa de novedades no sólo es en realidad rara, sino también en principio, improbable. La investigación normal que es acumulativa, debe su éxito a la
habilidad de los científicos para
seleccionar regularmente problemas
que pueden resolverse con técnicas conceptuales e instrumentales vecinas a las ya existentes. (Por eso una preocupación excesiva por los problemas útiles sin tener en cuenta su relación con el conocimiento y las técnicas existentes, puede con tanta facilidad inhibir el desarrollo científico). Sin embargo, el hombre que se esfuerza en resolver un problema definido por los conocimientos y las técnicas existentes, no se limita a mirar en torno suyo. Sabe qué es lo que desea lograr y diseña sus instrumentos y
dirige sus pensamientos en
consecuencia. La novedad inesperada,
el nuevo descubrimiento, pueden surgir
sólo en la medida en que sus anticipaciones sobre la naturaleza y sus
instrumentos resulten erróneos.
Con frecuencia, la importancia del descubrimiento resultante será proporcional a la amplitud y a la tenacidad de la anomalía que lo provocó. Así pues, es evidente que debe
haber un conflicto entre el
paradigma que descubre una anomalía
y el que, más tarde, hace que la anomalía resulte normal dentro de nuevas reglas. Los ejemplos de descubrimientos por medio de la destrucción de un paradigma que mencionamos
en la Sección VI no
nos enfrentan a un simple accidente
histórico. No existe ningún otro modo efectivo en que pudieran generarse los descubrimientos.
El mismo argumento se aplica,
de manera todavía más clara, a la
invención de nuevas teorías. En
principio, hay sólo tres tipos de fenómenos sobre los que puede desarrollarse una nueva teoría. El primero comprende los fenómenos que ya
han sido bien explicados por los
paradigmas existentes y que raramente
proporcionan un motivo o un
punto de partida para la construcción de una nueva teoría. Cuando lo hacen, como en el caso de las tres famosas predicciones que
analizamos al final de la sección VII,
las teorías resultantes son raramente aceptadas, ya que la
naturaleza no proporciona terreno
para la discriminación. Una
segunda clase de fenómenos comprende aquellos cuya naturaleza es indicada por paradigmas existentes, pero cuyos detalles sólo pueden comprenderse a través de una articulación ulterior
de la teoría. Éstos son los
fenómenos a los que dirigen sus investigaciones los científicos, la mayor parte del tiempo; pero estas
investigaciones están encaminadas a la
articulación de los paradigmas
existentes más que a la creación de otros nuevos. Sólo cuando fallan esos esfuerzos de articulación
encuentran los científicos el tercer tipo de fenómenos, las anomalías reconocidas cuyo rasgo característico es su negativa tenaz a
ser asimiladas en los paradigmas
existentes. Sólo este tipo
produce nuevas teorías. Los paradigmas proporcionan a todos los fenómenos,
excepto las anomalías, un lugar
determinado por la teoría en el
campo de visión de los científicos.
Pero si se adelantan nuevas teorías para resolver anomalías en la relación entre una teoría existente y la naturaleza, la nueva teoría que
tenga éxito deberá permitir
ciertas predicciones que
sean diferentes de las derivadas de su prede-cesora. Esta diferencia podría no presentarse si las dos teorías fueran lógicamente compatibles.
En el proceso de su asimilación,
la segunda deberá desplazar a la
primera. Incluso una teoría como
la de la conservación de la energía, que hoy en día parece una superestructura lógica que se relaciona con la naturaleza sólo por
medio de teorías
independientemente establecidas, no se
desarrolló históricamente sin destrucción de paradigma. En lugar de ello, surgió de una crisis en la que un elemento esencial fue la
incompatibilidad entre la
dinámica de Newton y ciertas consecuencias recientemente formuladas de la teoría calórica. Sólo después del rechazo
de la teoría calórica podía la
conservación de la energía llegar a ser parte de la ciencia.1 Y
sólo después de ser parte de la
ciencia durante cierto tiempo,
podía llegar o parecer una teoría de un tipo lógicamente más elevado, que no estuviera en conflicto con sus predecesoras. Es difícil
ver cómo pueden surgir nuevas
teorías sin esos cambios destructores en las
creencias sobre la naturaleza. Aunque la inclusión lógica continúa siendo una visión admisible de la relación entre
teorías científicas sucesivas, desde
el punto de vista histórico no es
plausible.
Creo que hace un siglo hubiera
sido posible dejar en este punto el argumento en pro de la
necesidad de las revoluciones. Pero,
desgraciadamente, hoy en día no
puede hacerse eso, debido a que la visión del tema antes desarrollado no puede
mantenerse si se acepta la interpretación contemporánea
predominante de la naturaleza y la función de la teoría científica. Esta
interpretación, asociada estrechamente con
el positivismo lógico inicial y que
no ha sido rechazada categóricamente
por sus sucesores, restringiría el alcance
y el significado de una teoría aceptada, de tal modo que no pudiera entrar en conflicto con ninguna teoría posterior que hiciera predicciones sobre algunos de los mismos fenómenos naturales.
El argumento mejor conocido y
más fuerte a favor de esta
concepción restringida de una teoría
científica surge en discusiones sobre la relación entre la dinámica contemporánea de Einstein y las ecuaciones dinámicas, más antiguas, que descienden de los Principia de Newton. Desde
el punto de vista de este ensayo, esas dos teorías son fundamentalmente incompatibles en el sentido ilustrado por la relación de la astronomía de Copérnico con la de Tolomeo: sólo puede aceptarse la teoría de Einstein reconociendo que la de Newton estaba
equivocada. En la actualidad, esta opinión
continúa siendo minoritaria.2 Por consiguiente, debemos
examinar las objeciones mas importantes
que se le hacen.
La sustancia de esas objeciones puede desarrollarse corno sigue. La dinámica relativista no
puede haber demostrado que la de Newton fuera errónea,
debido a que esta última es usada todavía, con muy buenos resultados, por la mayoría de los ingenieros y, en ciertas aplicaciones
seleccionados, por muchos
físicos. Además, lo apropiado
del empleo de la teoría más antigua puede probarse a partir de la misma teoría moderna que, en otros aspectos, la ha reemplazado.
Puede utilizarse la teoría de Einstein para demostrar que las predicciones de las ecuaciones de Newton serán tan buenas como nuestros instrumentos de medición en todas las aplicaciones que satisfagan un pequeño número de condiciones restrictivas. Por ejemplo, para que la teoría de Newton proporcione una buena solución aproximada, las velocidades relativas de los cuerpos
estudiados deberán ser pequeñas en comparación con la velocidad de la luz. Sujeta a esta condición y a unas cuantas más, la teoría de Newton parece
ser deducible de la de Einstein, de la que, por consiguiente, es un caso especial.
Pero, añade la misma objeción, ninguna teoría
puede entrar en conflicto con uno de sus casos especiales. Si la ciencia de Einstein parece confirmar que la dinámica newtoniana es errónea, ello se debe solamente a que algunos newtonia-nos fueron tan incautos como para pretender que la teoría de Newton daba
resultados absolutamente precisos o que era válida a velocidades relativas muy
elevadas. Puesto que no pudieron disponer
de ninguna evidencia para confirmarlo,
2 Véanse, por ejemplo, las observaciones de P. P. Wiener, en Philosophy of Science,
XXV (1958), 298.
traicionaron las normas de la ciencia al hacerlo. Hasta donde la teoría de Newton ha sido una verdadera teoría
científica apoyada en pruebas válidas,
todavía lo es. Sólo las pretensiones extravagantes sobre la teoría —que nunca formaron realmente parte de la ciencia— pudieron, de acuerdo con la teoría de Einstein, mostrarse erróneas. Eliminando esas extravagancias puramente humanas, la teoría de Newton no ha sido puesta
en duda nunca y no puede serlo.
Alguna variante de este argumento es ampliamente suficiente para hacer que cualquier teoría que haya sido empleada alguna vez por un grupo significativo de científicos competentes, sea inmune a los ataques. La tan calumniada teoría del
flogisto, por ejemplo, explicaba gran número de fenómenos físicos y químicos. Explicaba por qué ardían los cuerpos —eran ricos en flogisto— y por
qué los metales tenían más propiedades en común
que sus minerales. Los metales estaban compuestos
todos por diferentes tierras elementales
combinadas con flogisto, y este último, común a todos los metales, producía
propiedades comunes. Además, la
teoría del flogisto explicaba numerosas
reacciones en las que se formaban ácidos
mediante la combustión de sustancias tales como el carbono y el azufre. Explicaba asimismo, la disminución de volumen cuando tiene lugar la combustión en un volumen confinado de aire —el flogisto liberado por la combustión
"estropeaba" la
elasticidad del aire que lo absorbía, del
mismo modo como el fuego "estropea" la elasticidad de un resorte de
acero.3 Si esos fenómenos
hubieran sido los únicos que los teóricos
3 James B. Conant, Overthrow of the Phlogiston Theory
(Cambridge, 1950), pp. 13-16;
y J. R. Partington, A Short History of Chemistry (2?
ed.; "Londres, 1951), pp. 85-88. El informe
más completo y simpático sobre los logros de la
del flogisto hubieran pretendido explicar
mediante su teoría, no habría
sido posible atacarla nunca.
Un argumento similar sería suficiente para cualquier teoría que alguna vez haya tenido éxito en su aplicación a cualquier conjunto de fenómenos.
Pero, para salvar en esta forma a las teorías,
deberá limitarse su gama de
aplicación a los fenómenos
y a la precisión de observación de que tratan las pruebas experimentales que ya se tengan a mano.4 Si se lleva un paso
más adelante (y es difícil no dar ese
paso una vez dado el primero),
esa limitación prohibe a los científicos la pretensión de hablar "científicamente"
sobre fenómenos que todavía no han sido observados. Incluso en su forma actual, la restricción prohibe al científico basarse en una teoría en
sus propias investigaciones,
siempre que dichas investigaciones
entren a un terreno o traten de obtener un grado de precisión para los que la práctica anterior a la citada teoría no ofrezca
precedentes. Lógicamente, esas
prohibiciones no tienen excepciones;
pero el resultado de aceptarlas sería el fin de la investigación por medio de la que la ciencia
puede continuar desarrollándose.
A esta altura, este punto
también es virtual-mente
una tautología. Sin la aceptación de un paradigma no habría ciencia normal. Además, esa aceptación debe extenderse a campos y a grados
de precisión para los que no
existe ningún precedente completo. De no
ser así, el paradigma no
podrá proporcionar enigmas que no hayan sido
teoría del flogisto lo hace H. Metzger, en Newton,
Stahl. Boerhaave et la doctrine
chimique (Paris, 1930), 2a
Parte. 4 Compárense las conclusiones obtenidas por
medio de un tipo muy diferente de
análisis, por R. B. Braithewaite, Scientific Explanation (Cambridge, 1953), pp. 50-87,
sobre todo la p. 76.
todavía resueltos. Además, no sólo la ciencia normal depende de la aceptación de un paradigma. Si las teorías existentes sólo ligan a los
científicos con respecto a las
aplicaciones existentes, no
serán posibles las sorpresas, las anomalías o las crisis. Pero éstas son
precisamente las señales
que marcan el camino hacia la ciencia no-ordinaria. Si se toman literalmente las restricciones positivistas sobre la gama de
aplicabilidad legítima de una teoría,
el mecanismo que indica a la
comunidad científica qué problemas pueden conducir a un cambio fundamental dejará de funcionar. Y cuando esto tenga lugar, la comunidad
inevitablemente regresará a
algo muy similar al estado anterior al paradigma, condición en la que todos los miembros practican la ciencia, pero en la cual sus productos en conjunto se
parecen muy poco a la ciencia.
¿Es realmente sorprendente
que el precio de un avance científico importante sea un compromiso que corre el riesgo de ser erróneo?
Lo que es más importante, hay en la argumentación
de los positivistas una reveladora laguna lógica que vuelve inmediatamente a presentarnos la naturaleza del cambio revolucionario. ¿Puede
realmente derivarse la dinámica de Newton de la dinámica
relativista? ¿Cómo sería esa derivación?
Imaginemos un conjunto de enunciados, E1 E2,..., En, que, en conjunto, abarcaran las leyes de la teoría de la relatividad. Estos enunciados contienen variables y parámetros que representan la posición espacial, el tiempo, la masa en reposo, etc. A partir de ellos, con ayuda del aparato de la lógica y la matemática, puede deducirse todo un conjunto de enunciados ulteriores, incluyendo algunos que pueden verificarse por medio de la observación. Para probar lo apropiado de la dinámica newtoniana como caso espe-
cial, debemos añadir a los Ei enunciados adicionales, como (v/c)2 << l,
que restringen el alcance de
los parámetros y las variables. Este conjunto incrementado de enunciados es
manipulado, a continuación, para que
produzca un nuevo conjunto,
N1 N2 ..., Nm
que es idéntico, en la forma, a las leyes de Newton sobre
el movimiento, la ley de gravedad, etc.
Aparentemente, la dinámica de Newton se deriva de la de Einstein, sometida
a unas cuantas condiciones que
la limitan.
Sin embargo, la derivación es ilegítima, al menos hasta este punto.
Aunque el conjunto Ni es un caso especial de las leyes de la mecánica
relativista, no son las leyes de Newton. O, al menos, no lo son si dichas leyes no se reinterpretan de un modo que hubiera sido imposible hasta después de los trabajos de Einstein. Las variables y parámetros que en la serie einsteiniana E1 representaban la posición espacial, el tiempo, la
masa, etc., se presentan todavía en Ni;
y continúan representando allí espacio, tiempo y masa einstei-nianos. Pero las referencias físicas de esos
conceptos einsteinianos no son de
ninguna manera idénticos a las de los
conceptos newtonianos que llevan
el mismo nombre. (La masa newtoniana se conserva; la einsteiniana es transformable por medio de la energía. Sólo a bajas velocidades
relativas pueden medirse ambas
del mismo modo e, incluso
en ese caso, no deben ser consideradas idénticas). A menos que cambiemos las definiciones de las variables en Ni los enunciados derivados no serán newtonianos. Si las cambiamos, no podremos de manera apropiada decir que hemos derivado
las leyes de Newton, al menos no en cualquiera de los sentidos que se le reconocen actualmente al verbo "derivar". Por
supuesto, nuestra argumentación ha
explicado por qué las leyes
de Newton parecían ser aplicables. Al ha-
cerlo así ha justificado, por ejemplo, a un automovilista que actúe como si viviera en un
universo newtoniano. Una argumentación
del mismo tipo se utiliza para
justificar la enseñanza por los agrimensores
de la astronomía centrada en la Tierra. Pero
la argumentación no ha logrado todavía lo que se proponía. O sea, no ha demostrado que las leyes de Newton sean un caso limitado de las de Einstein, ya
que al transponer el límite, no sólo
han cambiado las formas de las leyes; simultáneamente,
hemos tenido que modificar los elementos
estructurales fundamentales de que se compone
el Universo al cual se aplican.
Esta necesidad de cambiar el significado de conceptos establecidos y familiares, es crucial en el efecto revolucionario de la teoría de Einstein. Aunque
más sutil que los cambios del geocentrismo
al heliocentrismo, del flogisto al oxígeno o de los corpúsculos a las ondas, la transformación conceptual resultante no es menos decisivamente destructora de un paradigma previamente establecido. Incluso podemos llegar a considerarla como un prototipo para las reorientaciones revolucionarias en las ciencias. Precisamente porque
no implica la introducción de objetos o conceptos
adicionales, la transición de la mecánica de Newton a la de Einstein ilustra
con una claridad particular la revolución científica
como un desplazamiento de la red de conceptos
a través de la que ven el mundo los
científicos.
Estas observaciones deberían bastar para demostrar lo que, en otro clima filosófico, se hubiera dado por sentado. Al menos para los científicos, la mayoría de las diferencias aparentes entre
una teoría científica descartada y su suce-sora,
son reales. Aun cuando una teoría anticuada pueda verse siempre como un caso especial de su sucesora más moderna, es
preciso que sufra
antes una transformación. Y la transformación sólo puede llevarse a cabo con las ventajas de la visión retrospectiva, la guía explícita de
la teoría más reciente. Además,
incluso en el caso de que esa transformación
fuera un dispositivo legítimo que pudiera
emplearse para interpretar la teoría
más antigua, el resultado de su aplicación
sería una teoría tan restringida que sólo podría reenunciar lo ya conocido. A causa de su economía, esa reenunciación, podría resultar útil,
pero no sería suficiente para guiar
las investigaciones.
Por consiguiente, demos ahora por sentado que
las diferencias entre paradigmas sucesivos son necesarias e irreconciliables.
¿Podremos decir, entonces, de manera más
explícita cuáles son esos
tipos de diferencias? El tipo más evidente ha sido ilustrado ya repetidamente. Los paradigmas sucesivos nos indican diferentes cosas sobre la población del Universo y sobre el comportamiento
de esa población. O sea, presentan diferencias en problemas tales como la existencia de partículas subatómicas, la materialidad de la
luz y la conservación del calor o de la energía. Éstas son las
diferencias principales entre paradigmas
sucesivos y no requieren una mayor ilustración. Pero los paradigmas se diferencian en algo más que la
sustancia, ya que están dirigidos no sólo
hacia la naturaleza, sino también hacia la ciencia que los produjo. Son la fuente de los métodos, problemas y normas de resolución aceptados
por cualquier comunidad científica madura, en cualquier momento dado. Como resultado de ello, la recepción de un nuevo paradigma frecuentemente hace necesaria una redefinición de la ciencia correspondiente. Algunos problemas antiguos pueden relegarse a otra ciencia o ser declarados absolutamente "no científicos".
Otros que anteriormente eran triviales o no existían
siquiera, pueden convertirse, con un nuevo paradigma, en los arquetipos mismos de la realización científica
de importancia. Y al cambiar los problemas también lo hacen, a menudo, las
normas que distinguen una solución
científica real de una simple
especulación metafísica, de un juego de palabras o de un juego matemático. La tradición científica normal que surge de una revolución científica es no sólo incompatible sino también a menudo realmente incomparable con la que existía con
anterioridad.
El efecto del trabajo de Newton sobre la tradición normal de práctica científica del siglo XVII proporciona un ejemplo sorprendente de los
efectos más sutiles del desplazamiento de paradigma. Antes de que naciera Newton, la "nueva ciencia" del siglo había logrado
finalmente rechazar las explicaciones
aristotélicas y escolásticas, que se expresaban en términos de las esencias de los cuerpos materiales. El decir que una piedra
cae porque su "naturaleza" la impulsa hacia el centro del Universo se había convertido en un simple juego tautológico de palabras, algo que no
había sido antes. A partir de
entonces, todo el conjunto
de percepciones sensoriales, incluyendo el color, el gusto e incluso el peso,
debían explicarse en términos del tamaño,
la forma, la posición y el
movimiento de los corpúsculos elementales de la materia base. La atribución de otras cualidades a los átomos elementales era recurrir a
lo oculto y, por consiguiente, se
encontraba fuera del alcance de la
ciencia. Moliere recogió ese nuevo
espíritu con precisión, cuando ridiculizó al doctor que explicaba la eficacia del opio como soporífero atribuyéndole una potencia adormecedora. Durante la segunda mitad del siglo XVII,
muchos científicos preferían
decir que la forma redondeada de las partículas de opio les permitía
suavizar los nervios en torno a los que se movían.5
Durante un periodo anterior, las explicaciones
en términos de cualidades
ocultas habían sido una
parte integrante del trabajo científico fecundo. Sin embargo, en el siglo XVII, el nuevo compromiso con la explicación mecánico-corpuscular resultó inmensamente fructífero para una serie de ciencias, al eliminar los problemas que habían desafiado todas las soluciones generalmente
aceptadas y sugerir otros nuevos para reemplazarlos. En la dinámica, por ejemplo, las tres leyes del movimiento de Newton son menos
el producto de nuevos
experimentos que el de un intento de
volver a interpretar observaciones conocidas, en términos de movimientos y
acciones recíprocas de los corpúsculos
neutrales primarios. Examinemos
sólo un ejemplo concreto. Puesto que los corpúsculos neutrales sólo podían actuar unos
sobre otros por contacto, la visión mecánico-corpuscular de la naturaleza
dirigió la atención científica
hacia un tema absolutamente nuevo de estudio, la alteración del movimiento de las partículas por medio de colisiones. Descartes anunció el problema y proporcionó su primera solución supuesta. Huyghens, Wren y Wallis fueron todavía más allá, en parte mediante experimentos con discos de péndulos que entraban en colisión; pero, principalmente, mediante la aplicación de características previamente conocidas
del movimiento al nuevo problema. Y Newton incluyó
sus resultados en sus leyes del movimiento. La "acción" y "reacción" iguales
de la tercera
5 Sobre el corpuscularismo en general, véase "The Establishment of the Mechanical Philosophy", de Marie
Boas. Osiris, X (1952), 412-541. Sobre el efecto de la forma de
las partículas sobre el gusto,
véase idem., p.
483.
ley son los cambios en la cantidad de
movimiento que experimentan las dos partes que entran en
colisión. El mismo cambio de movimiento proporciona la definición de la fuerza dinámica implícita en la segunda ley. En este caso, como en muchos
otros durante el siglo XVII, el paradigma corpuscular
engendró un nuevo problema y una parte
importante de su solución.6
Sin embargo, aunque gran parte
del trabajo de Newton iba dirigido a problemas e incluía normas derivadas de la visión
mecánico-corpuscular del
mundo, el efecto del paradigma que resultó de su trabajo fue un cambio ulterior y parcialmente destructor de los problemas y las normas legitimadas por la ciencia. La gravedad, interpretada como una atracción innata entre cualquier par de partículas de materia, era una cualidad oculta en el mismo sentido que lo había sido la "tendencia a caer" de los escolásticos.
Por consiguiente, aunque
continuaban siendo efectivas las normas del corpuscularismo, la búsqueda
de una explicación mecánica de la gravedad
fue uno de los problemas más difíciles para quienes aceptaban los Principia
como paradigma. Newton le dedicó
mucha atención, lo mismo que muchos de
sus sucesores del siglo XVIII. La única opción aparente
era la de rechazar la teoría de Newton debido a que no lograba explicar la gravedad, y también esta alternativa fue adoptada ampliamente. Sin embargo, en última instancia, ninguna
de esas opiniones triunfó. Incapaces de practicar
la ciencia sin los Principia o de
hacer que ese trabajo se ajustara a las normas corpusculares del siglo XVII, los científicos aceptaron gradualmente la idea de que la gravedad, en realidad,
era innata. Hacia mediados del siglo
XVIII esa
6 Dugas, La mécanique au XVIIe siècle (Neuchatel,
1954), pp. 177-85, 284-98, 345-56.
interpretación había sido casi universalmente aceptada y el resultado fue una reversión ge-nuina (que no es lo mismo que retroceso) a una
norma escolástica. Las atracciones y repulsiones innatas se unían al tamaño, a la forma, a la posición y al movimiento como propiedades primarias, físicamente irreductibles, de la materia.7
El cambio resultante en las normas y problemas de la ciencia física fue una vez más de consecuencias. Por ejemplo, hacia los años de la década de 1740, los electricistas podían hablar de
la "virtud" atractiva del
fluido eléctrico, sin incurrir en el
ridículo que había acogido al doctor de
Moliere un siglo antes. Al hacerlo así, los fenómenos eléctricos exhibieron, cada vez más, un orden diferente del que habían mostrado cuando
se consideraban como los efectos de un efluvio mecánico que sólo podía actuar por contacto. En particular, cuando la acción eléctrica a distancia se convirtió por derecho propio en tema de estudio, pudo reconocerse como uno de sus efectos el fenómeno que ahora conocemos como carga por inducción. Previamente, cuando se observaba, se lo atribuía a la acción directa de "atmósferas" eléctricas o a las pérdidas
inevitables en cualquier laboratorio
eléctrico. La nueva visión de los
efectos de inducción fue, a su vez, la
clave para el análisis que hizo Franklin de
la botella de Leyden y, en esa
forma, para el surgimiento
de un paradigma nuevo y newtoniano para la electricidad. La dinámica y la
electricidad no fueron tampoco los
únicos campos científicos afectados
por la legitimación de la búsqueda de fuerzas innatas de la materia. El gran caudal
7 I. B. Cohen,
Franklin and Newton: An Inquiry into Speculative
Newtonian Experimental Science and Franklin's Work in Electricity as an
Example Thereof (Filadel-fia, 1956), caps, VI-VII.
de literatura del siglo XVIII sobre afinidades químicas y series de reemplazo, se deriva también de
este aspecto supramecánico del
newtonismo. Los químicos que creían en esas atracciones diferenciales entre
las diversas especies químicas, prepararon
experimentos que no hubieran podido concebir
antes y buscaron nuevos tipos de reacciones.
Sin los datos y los conceptos químicos que
se desarrollaron en el curso de este proceso, el trabajo posterior de Lavoisier y, de manera especial, el de Dalton, hubieran sido incomprensibles.8 Los cambios en las normas que
rigen los problemas, conceptos y
explicaciones admisibles, pueden
transformar una ciencia. En la sección siguiente sugeriré incluso un
sentido en el que pueden transformar al
mundo.
En la historia de cualquier ciencia, casi en
cualquier periodo de su desarrollo,
pueden encontrarse otros ejemplos de esas diferencias no sustantivas entre paradigmas sucesivos. Por
el momento, contentémonos con otras dos ilustraciones, mucho más breves. Antes de la revolución química, una de las tareas reconocidas de la química era la de explicar las cualidades de las sustancias químicas y los cambios que sufrían esas cualidades durante las reacciones químicas. Con la ayuda de un número reducido de "principios" elementales —uno de los cuales era el
flo-gisto—, el químico debía explicar por qué algunas sustancias son
acidas, otras básicas, combustibles, y así sucesivamente. En este sentido, se habían logrado ciertos éxitos. Ya hemos hecho notar que el flogisto explicaba por qué los metales
eran tan similares y hubiéramos podido desarrollar
una argumentación similar para los
8 Sobre la electricidad, véase idem, caps, VIII-IX. Sobre la química, véase Metzger, op. cit., 1a Parte.
ácidos. Sin embargo, la reforma de Lavoisier, eliminó
finalmente los "principios" químicos y, de ese modo, le quito a la química algo del poder real
de explicación y gran parte del potencial. Para compensar esa pérdida, era necesario un cambio en las normas. Durante gran parte del siglo XIX, el no lograr explicar las
cualidades de los compuestos no era
acusación contra una teoría
química.9
También Clerk Maxwell
compartía con otros proponentes del siglo
XIX de la teoría ondulatoria de la luz, la convicción de que las ondas de luz debían propagarse a través de un éter material. El diseño de un medio mecánico para sostener a esas ondas fue un problema normal para muchos de sus más capaces contemporáneos. Sin
embargo, su propia teoría electromagnética de la luz, no dio ninguna explicación sobre un medio capaz de soportar las ondas de luz y claramente hizo que dar tal explicación resultara mucho más
difícil de lo que había parecido antes. Inicialmen-te, la teoría de Maxwell fue ampliamente rechazada por esas razones; pero, como la teoría de Newton, la de Maxwell resultó difícil de excluir y cuando alcanzó el status de paradigma, cambió la actitud de la comunidad hacia ella. Durante las primeras décadas del siglo xx, la insistencia
de Maxwell en la existencia de un éter mecánico pareció ser cada vez más algo así como un mero
reconocimiento verbal y se abandonaron los intentos para diseñar un medio etéreo de ese tipo. Los científicos no consideraron ya como no científico el hablar de un "desplazamiento"
eléctrico, sin especificar qué estaba
siendo desplazado. El resultado,
nuevamente, fue un nuevo conjunto
9 E. Meyerson, Identity and Reality (Nueva York, 1930). cap. x.
de problemas y normas que, en realidad, tuvo mucho que ver con la aparición de la teoría de
la relatividad.10
Esos cambios característicos en la concepción de la comunidad científica sobre sus problemas
y sus normas legítimos tendrían
menos importancia para la tesis de
este ensayo si fuera posible suponer que siempre tuvieron lugar de un tipo metodológico más bajo a otro más elevado. En este caso, asimismo, sus efectos parecerían
ser acumulativos. No es extraño que algunos historiadores hayan argumentado que la historia de la ciencia registra un aumento continuo de la madurez y el refinamiento de la concepción del hombre sobre la naturaleza de la ciencia.11
Sin embargo, el argumento en pro del desarrollo acumulativo de los problemas y las normas de la ciencia es todavía más difícil de establecer
que el de la acumulación de las teorías. El intento para explicar la gravedad, aunque abandonado convenientemente por la mayoría de los científicos del siglo XVIII, no iba dirigido a un
problema intrínsecamente
ilegítimo; las objeciones a las fuerzas innatas no eran inherentemente no científicas ni metafísicas en sentido peyorativo.
No existen normas externas que
permitan ese juicio. Lo
que ocurrió no fue ni un trastorno ni una elevación de las normas, sino simplemente un cambio exigido por la adopción de un nuevo paradigma. Además, desde entonces, ese cambio fue invertido, y puede volver a serlo. En el
siglo xx, Einstein logró
explicar las atracciones
10 E. T. Whittaker, A History of the Theories of Aether
and Electricity, II (Londres, 1953), 28-30.
and Electricity, II (Londres, 1953), 28-30.
11 Sobre
una tentativa brillante y
absolutamente al
día de encajar el desarrollo científico en este lecho de
Procusto, véase The Edge of Objectivity: An Essay in the
History of Scientific Ideas, de C. C. Gillispie (Princeton,
1960).
día de encajar el desarrollo científico en este lecho de
Procusto, véase The Edge of Objectivity: An Essay in the
History of Scientific Ideas, de C. C. Gillispie (Princeton,
1960).
gravitacionales y esta explicación hizo que la ciencia regresara a un conjunto de cánones y problemas, a este respecto, que se parece más a los de los predecesores de Newton que a los de sus sucesores. Asimismo, el desarrollo de la mecánica cuántica ha invertido la prohibición
metodológica que tuvo su origen en
la revolución química. Los químicos
actualmente intentan, y con
gran éxito, explicar el color, el estado de agregación y otras cualidades de
las sustancias utilizadas y producidas
en sus laboratorios. Es posible
que esté teniendo lugar también una inversión similar en la teoría electromagnética. El
espacio, en la física contemporánea, no es el sustrato inerte y homogéneo empleado tanto en la teoría
de Newton como en la de Maxwell; algunas de sus nuevas propiedades no son muy diferentes de las atribuidas antiguamente al éter;
es posible que lleguemos a saber,
algún día, qué es un desplazamiento
eléctrico.
Cambiando el acento de las funciones cognoscitivas a las normativas de los paradigmas, los ejemplos anteriores aumentan nuestra comprensión de los modos en que dan forma los paradigmas a la vida científica. Previamente,
hemos examinado, sobre todo, el papel desempeñado por un paradigma como vehículo para la teoría científica. En este papel, su función es la de decir a los científicos qué entidades contiene y no contiene
la naturaleza y cómo se comportan esas entidades. Esta información proporciona
un mapa cuyos detalles son elucidados
por medio de las investigaciones
científicas avanzadas. Y puesto que la naturaleza es demasiado compleja y variada como para poder estudiarla al azar, este mapa es tan esencial como la observación y la experimentación para el desarrollo continuo de la ciencia. A través de las teorías que engloban, los paradigmas resultan esenciales para las
actividades de investigación. Sin
embargo, son también esenciales para la
ciencia en otros aspectos y esto
es lo que nos interesa en este momento. En particular, nuestros ejemplos más recientes
muestran que los paradigmas no sólo proporcionan a los científicos mapas sino
también algunas de las indicaciones
principales para el establecimiento de mapas. Al aprender un paradigma, el
científico adquiere al mismo tiempo teoría, métodos y normas, casi siempre en
una mezcla inseparable. Por consiguiente, cuando cambian los paradigmas, hay normalmente transformaciones importantes de los criterios que determinan la
legitimidad tanto de los
problemas como de las soluciones propuestas.
Esta observación nos hace regresar al punto en que se inició esta sección, pues nos
proporciona nuestra primera
indicación explícita de por qué
la elección entre paradigmas en competencia plantea regularmente preguntas que no pueden ser contestadas por los criterios de la
ciencia normal. Hasta el punto,
tan importante como incompleto,
en el que dos escuelas científicas que se encuentren en desacuerdo sobre qué es un problema y qué es una solución, inevitablemente
tendrán que chocar al debatir los
méritos relativos de sus respectivos
paradigmas. En los argumentos
parcialmente circulares que resultan regularmente, se demostrará que cada paradigma satisface más o menos los criterios que dicta para
sí mismo y que sé queda atrás en algunos de los dictados por su oponente. Hay
también otras razones para lo incompleto
del contacto lógico que caracteriza
siempre a los debates paradigmáticos. Por ejemplo, puesto que ningún paradigma resuelve
todos los problemas que define y puesto que no hay dos paradigmas que dejen sin resolver los mismos problemas, los debates paradigmáticos involucran siempre la pregunta: ¿Qué problema es más significativo resolver? Como
la cuestión de la competencia de
normas, esta cuestión de valores sólo
puede contestarse en términos
de criterios que se encuentran absolutamente fuera de la ciencia normal y es ese recurso a criterios
externos lo que de manera más obvia hace revolucionarios los debates
paradigmáticos. Sin embargo,
se encuentra también en juego algo más fundamental que
las normas y los valores. Hasta ahora, sólo
he argüido que los paradigmas son parte constitutiva de la ciencia. A continuación, deseo mostrar un sentido en que son también parte constitutiva de la naturaleza.
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